Sorprende y conmueve el esfuerzo que realizan esforzadas mujeres, que entre sus ocupaciones laborales para sacar adelante a sus familias, o haciendo un espacio en sus obligaciones domesticas se dan tiempo para realizar una labor muy altruista, al llevar alimentos a personas que permanecen a las afueras del hospital general de San Fernando, esperando noticias de sus familiares que permanecen internados.
En estos tiempos caracterizados por el revuelo y confusión que causan las redes sociales en temas que van desde importantes hasta sin la menor trascendencia, resaltan destellos de bondad que sirven para entender que existen seres humanos sensibles a las necesidades ajenas y dispuestas a tender la mano.
Hoy me quiero referir a un grupo de voluntariosas mujeres que con sus propios recursos, quitándole tiempo al descanso, entre sus actividades para lograr ingresos que les permitan sostener a sus familias y sus deberes como amas de casa, encuentran un espacio para llevar alimentos a personas que esperan en el estacionamiento de hospital general de San Fernando, noticias sobre la evolución de sus familiares internados por diferentes motivos.
Hasta ahí llegan: ARELY VÁZQUEZ, ROSA RUBIO, ANA VÁZQUEZ, OFELIA ARÉVALO, MARTHA MARTÍNEZ, YANETH HERNÁNDEZ, ALEJANDRA GARZA y LINDA DEL MOLAR, un grupo de mujeres con auténtica vocación social, que no son personas de altos ingresos económicos, pero que todas sus limitaciones, encuentran la manera de cooperarse entre ellas, para comprar los alimentos que llevan hasta el hospital general de San Fernando.
Residentes de zonas rurales y pesqueras de este municipio, de la propia cabecera y de poblaciones vecinas han sentido la presencia y apoyo con alimentos de este grupo de féminas, que sin pertenecer a un grupo religioso determinado, tampoco a ningún partido político, se las ingenian para hacer algo por los demás.
Hacen un esfuerzo que se convierte en el mejor ejemplo de vocación de servicio, de manera totalmente desinteresada, por amor al prójimo y regando la semilla de un ejemplo que esperan ver prosperar, cuando más personas se organicen en otros grupos y se programen para que todos los días, las personas que permanecen a las afueras del hospital general de San Fernando, puedan contar con el alimento que en muchas ocasiones, por falta de dinero, no alcanzan a comprar en los negocios que se encuentran en las cercanías.
En tiempos en que la indiferencia se encuentra de moda y la falta de compasión se ha convertido en un distintivo, destaca la actitud generosa de este equipo femenino que no anda buscando votos, ni siquiera aplausos, que participan con la sana intención de ayudar y que predican con hechos, para que se pueda ilustrar con lecciones de carne y hueso, como se puede hacer algo por los demás, sin que exista de por medio un sueldo o la intención de captar simpatías para alimentar proyectos personales, que se forjan utilizando las necesidades ajenas y la pobreza como su principal escenario.
¡Un aplauso bien merecido para estos Ángeles sin Alas!
Y ojalá que muchas mas personas las imiten.






