No me considero un crítico del sistema, tampoco me siento de izquierda o derecha, simplemente hago uso de mi derecho a la libertad de expresión, como cualquier otro periodista, inclusive como cualquier ciudadano, porque como siempre he sostenido, es una prerrogativa de todos los mexicanos.
Finalmente, con mis opiniones que en muchas ocasiones y aspectos no coinciden con las actuaciones de los políticos en turno, quedó convertido en un contrapeso, pero eso es en automático.
No aplaudo lo que hacen algunos funcionarios porque cumplir y resolver, ese es su trabajo, pero suelo reconocer cuando están haciendo las cosas bien.
Aparte los funcionarios que manejan presupuesto tienen docenas de comunicadores en sus nóminas para que les aplaudan, les cubran sus tropelías y distraigan la atención ciudadana, a través de páginas falsas o anónimas, que sostienen con el recurso público.
Pero los políticos entre más sinverguenzas son más cínicos… Y delicados.
No quieren ser tocados ni con el pétalo de una rosa, aunque destilen incompetencia y corrupción por todos los poros.
Son enemigos acérrimos de las críticas que fueron sus principales herramientas en la lucha por llegar al poder.
Pero una vez encaramados, no toleran las críticas, que les preguntan que hicieron con el presupuesto, porque suelen perder el piso tanto, que llegan a creer que los recursos del pueblo son propios.
Y así los gastan o invierten, en cualquier cosa, menos en el beneficio de la gente.
¡Ah!… Pero nadie les debe decir nada.
Les recuerdo cómo llegó ANDRÉS MANUEL LÓPEZ OBRADOR a la presidencia de México?.
Primero tuvo que ser un contrapeso para el sistema, que en su tiempo incomodaba y ofendía a los que estaban en el poder.
En pocas palabras, los contrapesos siempre han existido; en las democracias pensar y manifestar las ideas en todo momento han sido válidos, con la característica que nunca han sido del agrado de quienes gobiernan. Ellos quieren porras y aplausos, aunque merezcan ser destituidos, e ir a la cárcel.
Aquí, lo que no se vale es ser agachón, sumiso e incapaz de expresar las ideas.






