El futuro inmediato del sorgo en el norte de Tamaulipas se encuentra en estado crítico, agobiado por un inminente riesgo de colapso operativo y financiero, en una región que históricamente ha liderado la producción de este grano en México, que actualmente enfrenta una especie de “tormenta perfecta”, que combina factores climáticos adversos, el desplome de los precios internacionales y la falta de subsidios gubernamentales.
Entre las principales problemáticas del grano rojo, se encuentran:
El sector agrícola atraviesa una de sus peores rachas en décadas, donde la rentabilidad ha caído drásticamente debido a la disparidad entre los costos de operación y las ganancias finales, que se han reducido al máximo debido a la caída estrepitosa del precio en el mercado nacional.
Lo anterior ha dado como resultado en este año el desplome de la producción, a menos del 50 por ciento de la estadística de hace cinco años, en un fenómeno donde impacta de manera directa, una vasta superficie sin sembrar con este cereal; de acuerdo a los registros oficiales, en el ultimo ciclo agrícola dejaron de cultivarse con sorgo entre 150 y 200 mil hectáreas en el norte de la entidad.
El valor de la tonelada se desplomó drásticamente en los centros de acopio regionales, situándose entre los 3,900 y 4, 300 pesos menos los descuentos, un costo que no permite recuperar siquiera los costos de inversión, mientras que el diesel, principal combustible utilizado en labores agrícolas se mantuvo sobre los 30.00 pesos.
También, la falta de agua sigue siendo el principal reto para los distritos de riego fronterizos, en que la disponibilidad de líquido para los siguientes periodos de siembra depende enteramente de la captación de las presas durante la temporada de lluvias y donde el régimen de temporal es el más expuesto a los choques climáticos, limitando las expectativas de rendimiento.
Los productores se quejan de la ausencia de precios de garantía adaptados a la realidad inflacionaria y una drástica escasez de créditos puente para financiar las siembras, sin que exista un esquema de compensación por parte de las autoridades federales, la siembra del grano se ha convertido en una «trampa financiera».
Aunque teóricamente se propone virar hacia opciones como el ajonjolí, soya, garbanzo o la canola, la sustitución del sorgo es inviable a corto plazo ya que el agricultor tamaulipeco cuenta con maquinaria específica, saberes técnicos arraigados y una red de más de 200 centros de acopio diseñados exclusivamente para el sorgo y cambiar de cultivo requeriría inversiones multimillonarias que el campo no puede costear en su estado actual.
Es claro que el sorgo no desaparecerá de la noche a mañana porque es el pilar de la industria pecuaria nacional (alimento para ganado y aves), pero su desatención está provocando que México dependa cada vez más de las importaciones estadounidenses, que es una de las causas de la ruina de los productores nacionales, ya que ingresan al país millones de toneladas de este grano procedentes de los Estados Unidos de América, sin restricciones y sin pago de aranceles, poniendo en segundo termino las cosechas que se levantan en el país y afectando de manera directa y agresiva, la economía de los productores de Tamaulipas.






