La mayor parte de la población lo ignora, porque el universo de personas entrevistadas representa apenas poco más del uno por ciento del padrón electoral de San Fernando, pero quienes si fueron encuestados dentro del ejercicio interno del partido en el poder en San Fernando semanas atrás, saben de qué estamos hablando.
Entre las preguntas que los encuestadores realizaron para ubicarse con los pies en la tierra y entender el margen de posibilidades de ganar la elección municipal en San Fernando, destacó la última, de entre 20 interrogantes.
La opinión sobre el desempeño de la presidenta municipal.
Y ahí fue donde la marrana torció el rabo.
Los encuestadores sueltos en territorio de manera sorpresiva e inesperada, en un aparato digital móvil, anotaban las respuestas, con la consigna de poner exactamente las respuestas ciudadanas.
Sin ponerle, ni quitarle; con la idea de agarrar el pulso.
Si hablamos de porcentajes, las respuestas en un 80 por ciento fueron en sentido negativo.
Reprobada.
Ya antes dentro del cuestionario se habían emitido respuestas calificando los servicios públicos responsabilidad del municipio: agua, limpieza, calles, el estado de los espacios públicos.
Aquí tampoco favorecieron las respuestas ciudadanas, para la aspiración de reelegirse y manejar el presupuesto por tres años más; en números, unos 800 millones de pesos.
Otra de las preguntas corrosivas de la encuesta: la opinión del trato que brindan los servidores públicos municipales y otra vez… pa’ atrás la gente.
Por eso -ahora- se mira esa intensa actividad de la alcaldesa de San Fernando, tratando de recuperar la confianza ciudadana que perdió en el primer año y medio de gobierno y que difícilmente volverá a tener, porque la población ya conoce el motivo del radical cambio de actitud reciente.
La obsesión por reelegirse y al mismo tiempo necesidad, por los “agujeros” financieros que la administración no ha logrado tapar y donde los términos ya están agotados.
Algunos de los que participaron en el levantamiento de la encuesta han venido soltando información, más de la que usted verá en esta publicación.
Pero le comento que hubo hasta funcionarios municipales que dieron su opinión más negativa sobre el gobierno del San Fernando, sobre el resultado del trabajo, el trato de los funcionarios, los servicios públicos, sobre todo el agua y de manera muy categórica, del comportamiento de la propia alcaldesa., famosa por faltarle el respeto a maestros, alumnos y padres de familia, llegando con mas de dos horas de retraso a eventos escolares y permaneciendo alejada del trato social; un aspecto que todos los inquilinos del palacio municipal, siempre cuidaron de forma muy especial.
Hay funcionarios que están en la actual administración municipal por necesidad, pero que han sido muy mal tratados por quienes, de manera soberbia, ejercen el poder y que nunca les pasó por la mente, que un día tendrían que pasar por la criba de la opinión social.
Por cierto, la encuesta de marras, de la que seguramente nadie se hará responsable sucedió de manera artera; a la alcaldesa de San Fernando no le avisaron para moverse con tiempo y tampoco le dieron oportunidad de meter a su gente a operar.
Lo que significa que ese afecto que ella pregona al más alto nivel del mando político en Tamaulipas, no existe.
Porque haberla medido a través de la opinión ciudadana, significa que no hay ninguna consideración, ni ganas de perpetuarla en el poder.






