Del que me enseñe las letras, seré su esclavo.
Esta es una de tantas frases que se me grabaron de mis tiempos de educación básica.
Obvio que su contenido tenía una interpretación que entendíamos como la gratitud que siempre llevaríamos dentro hacia nuestros maestros, de quienes, por cierto, al paso de los años, desde aquellas épocas, sigo recordando con gratitud y afecto, que en una fecha como esta, me hacen recordar los esplendidos homenajes que se realizaban en los planteles escolares.
Para este servidor los maestros siempre han sido motivo de respeto, porque desarrollan una de las misiones más nobles sobre el planeta; instruir, capacitar, adiestrar, alentar, dar herramientas para el desarrollo humano.
La educación en el sentido más estricto se reserva a los hogares, donde los padres educan con ejemplos y consejos; en las aulas los maestros imparten conocimientos y vigilan que los alumnos aprendan en consonancia con los grados o niveles que cursan.
En mi familia hay maestros y maestras y por ellos conozco las dificultades de la docencia, que en tiempos aquellos, cuando este servidor era un alumno de primaria o secundaria por ejemplo, la disciplina escolar se respetaba y la voz de los titulares de grupos, eran toda la autoridad.
Así lo entendíamos y lo acatábamos y los días donde se les festejaba se convertían en eventos muy llamativos, emotivos más bien, para describir ceremonias donde los alumnos éramos también participes.
Lamento decir que, en la actualidad, el trabajo de los maestros se ha complicado por las costumbres y actitudes de nuevas generaciones que en buen porcentaje no sienten mucho respeto, ni por los maestros ni por las obligaciones escolares.
A muchos niños y adolescentes la escuela les parece repulsiva y hacen todo lo posible por ir lo menos a la escuela y son los maestros quienes tienen que cargar con las deficiencias de aprendizaje, porque en la actualidad, ya tienen hasta prohibido reprobar a los alérgicos a las aulas.
Y solo estoy mencionando un detalle, porque hay muchos maestros y maestras que tienen que viajar o residir en zonas rurales donde las condiciones para vivir no son las más adecuadas por la falta de servicios, mientras que historias de malos momentos vividos por trabajadores de la educación, se cuentan por docenas.
Definitivamente que no son tiempos propicios para ejercer labores de enseñanza y esto engrandece más a quienes desafiando toda clase de retos e inconvenientes se dedican a sembrar entre las nuevas generaciones conocimientos que serán cruciales en su desarrollo, hasta llegar a convertirse en profesionistas o simplemente en hombres y mujeres de bien, de trabajo, que siempre van a requerir de conocimientos básicos para cualquier actividad que desempeñen.
Felicidades hoy en su conmemoración, que su vocación se mantenga sobre las adversidades y que cada día surjan legiones de nuevos interesados en profesar esa noble y mal remunerada labor donde se concentran las mejores virtudes de los seres humanos.






