Dentro de todas las adversidades que tienen que afrontar los agricultores del norte de Tamaulipas, esta vez la sequía está provocando que se dejen de sembrar mas de 200 mil hectáreas del ciclo temprano, de las 700 mil que tradicionalmente se cultivan, lo que representa un golpe muy duro para la producción, que habrá de incidir en áreas muy sensibles de la población nacional, es decir de los consumidores de alimentos, mientras que un grueso porcentaje dedicado a la agricultura comercial, enfrenta un escenario totalmente dolorosamente adverso.
La falta de lluvias es en este caso, la principal razón para que se dejen de sembrar esas 200 mil hectáreas, de las cuales, mas de 100 mil corresponden a la región de “El Valle de San Fernando”, lo que lleva a la inevitable pregunta:
¿De que van a vivir las familias que siempre han resuelto sus necesidades mas básicas de las cosechas que levantan?.
Cierto que en la mayor parte de los hogares reciben apoyos de los programas federales, pero son insuficientes ante los gastos en medicamentos, algunos tratamientos de salud muy caros, las necesidades escolares, sin contar la canasta básica que cada día esta más cara.
Si se deja sin sembrar esa superficie, ya deberían estar pensando en un plan emergente para ayudar a las familias afectadas… o pensar en las consecuencias.
El mundo del crimen siempre tiene oportunidades para las personas desesperadas porque en sus hogares falta de todo y no tienen esperanzas de nada, ni de nadie… ¿quieren que vayan a dar ahí?.
Los últimos años han sido muy difíciles para la gente del campo, desde que desaparecieron los programas de apoyo, la suerte de quienes hacen producir la tierra comenzó a cambiar… para mal.
De no llover en las próximas semanas, aunque existe la intención del gobierno de Tamaulipas por estimular las lluvias, habrá problemas muy serios, convirtiendo al 2026, en el peor año para la agricultura y en consecuencia, para las familias del campo.
Existe un panorama desolador que no se resuelve con discursos románticos, ni con apoyos raquíticos; sería muy triste pasar de vergel a un desierto, de una zona altamente productiva a una región estéril y lo peor, que no existan planes de emergencia, que aun en los mejores momentos y bajo los escenarios mas optimistas, siempre deben estar preparados para activarse ante cualquier eventualidad.
Porque ya esta comprobado que se ha vuelto una costumbre, que hasta después que se ahoga el niño, entonces es cuando tapan el pozo.






