Después de los tiempos aciagos que vivió San Fernando a causa de la violencia, se construyeron en la cabecera municipal tres espacios recreativos denominados “Tamules”, que en teoría serian centros de convivencia comunitaria para alentar la recuperación del tejido social, dañado por las tragedias de aquel tiempo.
Se recordará que la peor época de San Fernando en ese sentido fue del año 2010 al 2015, provocando una significativa migración de familias que abandonaron el municipio, de las que un buen porcentaje ya no regresaron, lo que se demuestra con cientos de viviendas abandonadas en distintos sectores de la cabecera municipal y zonas del campo.
Buscando mitigar los efectos de esa oleada, el Gobierno de Tamaulipas construyó aquí los llamados ”Tamules”, que fueron ubicados en la colonia “Ribereña”, Ampliación Bellavista Norte y Paso Real, equipándolos con juegos infantiles, canchas deportivas y en algunos casos con internet, para un uso más integral, en una visión que complementaba la convivencia de las personas adultas con los jóvenes y niños.
Espacios seguros, perimetralmente resguardados, que formaron parte de un proyecto que fracasó a causa de la propia indolencia institucional, al dejar de dar mantenimiento, sin personal, a esos espacios públicos que al paso del tiempo, tristemente fueron languideciendo.
En la actualidad, de esos tres “Tamules”, el de Paso Paso y la colonia Ampliación Bellavista Norte, se encuentran cerrados al público, saqueados, abandonados y con la estructura derruida por el paso del tiempo y la falta de mantenimiento.
Solo el “Tamul” de la colonia Rivereña está apenas comenzando a recibir trabajos de pintura, lo que indica que existe la idea de ponerlo a funcionar, en un sector donde la violencia dejó enormes secuelas entre las familias y se requiere de políticas concretas y adecuadas para recuperar las condiciones que se vivieron antes del fenómeno que destruyó la paz.
De acuerdo a la definición que se les dio en su momento, un “Tamul” es un lugar de encuentro, un espacio digno donde los niños, jóvenes y adultos pueden realizar cualquier actividad de desarrollo que les agrade, logrando con ello fortalecer los lazos entre las mismas familias.
Hoy lucen el rostro del abandono institucional, convertidos en “elefantes blancos”, en lugar de estar sirviendo a la sociedad local para el fin que fueron creados, precisamente en un municipio donde escasean los sitios de esparcimiento y convivencia comunitaria.






