Es común escuchar en los tiempos de estridencias e inconformidades que vivimos, a gruesos segmentos de la población, quejándose de las acciones, negativas, funestas y en el mejor caso omisas, de servidores públicos, cuyo rendimiento no corresponde a las obligaciones que desempeñan, o los compromisos que hicieron en campaña.
La gente se queja, grita y patalea, pero a veces sin rumbo.
Ponen en el centro de las críticas a los partidos que postularon a esos servidores y servidoras publicas y dejan de lado los nombres de los funcionarios que están haciendo un mal trabajo.
Ese es un gran error.
Que yo sepa, no hay ningún partido que en sus lineamentos, principios básicos o estatutos, manden a quienes resultan electos bajos sus siglas a defraudar la voluntad y la buena fe del pueblo.
Ni a mentir, robar o traicionar.
Que esto quede bien claro; quienes fallan son las personas.
Son los que ocupan los cargos a quienes hay que señalar con sus identidades por delante, buscar que se les finquen responsabilidades, por lo que no cumplen, por lo que hacen mal… y por lo que se roban, también.
Los partidos políticos no tienen la culpa, de que una vez ganados, hombres y mujeres tomen caminos torcidos y se dediquen a divertirse y enriquecerse con el dinero del pueblo, los verdaderamente culpables tienen nombres y apellidos, que se deben ventilar públicamente.
Y se debe hacer un poco más; pedir una reforma electoral para que una vez que los representantes de elección popular terminen el encargo sean valorados en una consulta sobre su desempeño e independientemente de las acciones penales en su contra por delitos cometidos durante la función publica terminante, si la calificación del pueblo es negativa, que sean declarados “No Aptos”, para volver a tener perfil de candidatos y sean vetados también para cargos de designación directa.
Esta seria una manera de cerrar la puerta a la corrupción; que pasen por un filtro al final de sus mandatos para que el pueblo decida si pueden seguir vigentes en la política y en el servicio público.
O sea que de acuerdo a sus propios hechos, el pueblo decida, quienes pueden y quienes no pueden ser nuevamente candidatos.
¿Qué le parece?.
Porque seguir diciendo que los partidos son los malos, además de un dato incorrecto al echar culpas donde no es, permite que los verdaderos responsables terminen por reírse del pueblo, mientras que ellos siguen buscando nuevas oportunidades para seguir saqueando los presupuestos.






