Una creciente negligencia por parte de propietarios privados, está socavando la imagen urbana de San Fernando, donde docenas de terrenos y construcciones abandonadas, invadidas por la maleza, generan un aspecto de descuido que contrasta con la pulcritud que alguna vez caracterizó a la ciudad.
Este problema recurrente no solo afea el paisaje, sino que plantea serios cuestionamientos sobre la responsabilidad cívica y la falta de acción de las autoridades municipales para exigir el mantenimiento de estos espacios.
El problema es evidente a simple vista en puntos neurálgicos de la zona centro: apenas a una cuadra de la plaza principal, muestra cómo la yerba se apodera de la vía pública en una propiedad inutilizada desde hace años.
La situación se repite en Porfirio Díaz y Bravo, donde una casa en abandono presenta maleza alta en las banquetas, generando molestias entre los vecinos, quienes reportan intrusiones constantes de personas desconocidas al interior del predio.
Una construcción vetusta en las calles Bravo y Juárez también luce un aspecto de abandono total con yerba cubriendo el área peatonal, inclusive en las cercanías de la plaza principal de la ciudad hay maleza en las bazuqueas, sin que los propietarios de los inmuebles ni el Ayuntamiento resuelvan esta anomalía, pese a contar con personal de limpieza pública.
Este escenario se repite a lo largo y ancho del primer cuadro de la ciudad, donde la falta de retiro de maleza en las áreas peatonales se ha convertido en la norma y no en la excepción. La falta de acción de los propietarios no solo degrada el entorno, sino que también genera un caldo de cultivo para fauna nociva y problemas de seguridad pública, afectando directamente la calidad de vida de los residentes que sí mantienen sus propiedades en condiciones dignas.
San Fernando enfrenta el reto de recuperar la pulcritud que décadas atrás le valió reconocimiento, por lo que es urgente que las autoridades de servicios públicos y desarrollo urbano implementen medidas coercitivas o programas de limpieza subsidiaria con cargo a los dueños, para obligar al saneamiento de estos espacios y restaurar la imagen digna que merece el corazón de la ciudad.






