Nunca una frase se escuchó tan hueca como esta en los tiempos modernos.
Como slogan de campaña se puede entender que la venta de ilusiones ha sido y continuará como principal oferta en el mercado electoral; en condiciones de competir con cualquier estrategia de mercadotecnia.
Los pobres siempre han servido como escenografía, para que mentes avezadas los utilicen para pintar alegres acuarelas que llegan a cubrir la ingenua óptica y escaso razonamiento de la población con menores estándares de preparación, de quienes victimas de su propia ignorancia, tienen ansiedad por creer.
Es algo milenario y de vigencia infinita; la gente siempre está buscando en que y en quien creer, urgiendo por mentiras nuevas y mientras mas descabelladas, mas propicias para ser asimiladas y repetidas hasta el cansancio. Así es la necesidad de creer.
Hay muchos ejemplos de esta demagogia convertida en retorica, pero esta vez, solo le comentare dos casos.
El primero y mas absurdo; la regularización vehicular que ya en la agonía de su gobierno puso en marcha el ex Presidente ANDRÉS MANUEL LÓPEZ OBRADOR, que en teoría, a un costo muy bajo -cinco mil pesos- serviría para que millones de mexicanos con vehículos ilegales o “chocolates” pudieran legalizarlos y circular libremente por todo el territorio nacional, con su debido emplacamiento.
todavía no salía del gobierno AMLO, cuando ya en las carreteras y hasta en perímetros urbanos, guardias nacionales y tránsitos locales hicieran su agosto extorsionando a los dueños de los vehículos regularizados, aduciendo que no contaban con el respectivo pedimento de importación.
Lo mismo en los puentes internacionales, a quienes con vehículos regularizados se les ocurría cruzar la frontera y al regresar, se enteraban por voz de los propios militares asignados a los puentes internacionales, que sus vehículos eran “chuecos”, pese a los pagos que habían hecho de acuerdo a la norma impuesta por el mismo gobierno.
Esa regularización fue un fraude que sigue cobrando víctimas, en extorsiones carreteras, dentro de las ciudades o en los cruces fronterizas, a manera de extorsión o decomisos.
Fue el mismo gobierno quien expidió el decreto y las normas de operación, entonces ¿cómo se atreve a decir que esos vehículos están ilegales?.
Pregunto… ¿Eso es pensar primero en los pobres?.
Otro ejemplo, ayer en un puente internacional de Matamoros retuvieron por varias horas una camioneta que trasladaba de Texas a San Fernando la ayuda de una persona altruista para hombres y mujeres en condiciones de vulnerabilidad extrema, pese a que les explicaron el origen y destino de las donaciones.
Hubo que mover mar y tierra y pagar una tarifa con los mas altos aranceles, para dejar pasar la ayuda que venia para San. Otra vez pregunto… ¿eso es pensar en “primero en los pobres”?.
Y me queda la duda si los funcionarios, que de servidores públicos no tienen nada, hablan el mismo idioma que quienes desde el más alto pulpito de la nación, se han atrevido a proclamar que “primero los pobres”.
¿O será que la frase para ellos -autoridades- es menos corta y reza que “primero hay que fregar a los más pobres”?.
Porque por lo visto…






