Desde hace años el moño rosa se ha convertido en la imagen de la lucha contra el cáncer de mama.
Le ha dado vuelta al mundo a través de conferencias y marchas tratando de inspirar a las mujeres a autovalorarse y tomar todas las medidas preventivas a su alcance, para evitar caer en las garras de una de las mas terribles enfermedades del mundo.
Sin embargo, este motivo de inspiración se estrella contra la incapacidad de las instituciones públicas de salud por atender esta creciente problemática, que castiga duramente a millones de hogares, donde alguna o varias de sus integrantes, lo padecen.
La carencia de instalaciones -por ejemplo, San Fernando y municipios vecinos- por contar con tecnologías y personal especializado, obliga a las mujeres a trasladarse hasta la capital del estado, donde si bien son atendidas en la mayoría de los casos que resultan positivos, la respuesta apenas va más allá del diagnóstico.
Y así en la mayor parte del país, donde un alarman este porcentaje de mujeres sufren y mueren por este padecimiento, que irónicamente con un oportuno y buen tratamiento puede llevar a La sanación.
Luego entonces, ¿de qué sirven las conferencias y las marchas, junto con el moño rosa, si no existe capacidad en los hospitales públicos para la atención de los casos positivos?.
En vez de lograr que las mujeres en edades y condiciones determinadas se auto exploren y recurran a las mamografías, que en muchos casos, solo las llevan a enterarse de su triste realidad… ¿no seria mejor que el motivo de intención de ese moño rosa estuviera dirigido a las instituciones, en este caso a la Secretaria de Salud Federal, que ya abarco todo este sector, para que pusiera atención y mas presupuesto al asunto del cáncer?.
Porque resulta estridente y grotesco, que en octubre se magnifique el tema del cáncer de mama y que en el resto del año se les olvide.
Contradictorio que inviten por todos los medios a las mujeres a auto valorarse y practicarse los primeros estudios, para que una vez que les digan que han dado positivo del carcinoma de mama, las dejen a su suerte, hostigadas por su propia mente, al saber que están solas e indefensas ante una enfermedad que difícilmente podrán enfrentar con sus propios recursos, lo que impedirá seguir un tratamiento adecuado.
Hay que redirigir el concepto; que las conferencias y las marchas, vayan sobre las instituciones para exigir un servicio humanitario, digno y competente, a la altura de la importancia que tenemos todos los seres humanos, porque quienes tienen o han tenido en sus hogares, personas enfermas de cáncer, no me dejarán mentir.
Y el moño rosa, si se mira muy bonito, pero solo como escenografía.
O ¿sirve de algo?






