Los políticos utilizan en campaña como una de sus principales herramientas la difusión en redes sociales, sobre los proyectos que alimentan, de hecho se sienten despegar los pies del suelo, levitar y elevarse a las alturas cuando las publicaciones les arrojan reacciones favorables aplausos y comentarios que favorecen sus propósitos y los llevan a experimentar orgasmos mentales.
Mantienen una especie de luna de miel con las redes sociales cuando las adulaciones se hacen presentes y llegan a acostumbrarse a las mieles virtuales que les brindan una placidez cerebral imaginaria, pero muy placentera.
Le estoy hablando de los días en que los políticos de ambos sexos, contestan todas las llamadas y mensajes que les llegan a sus aparatos de telefonía móvil, cuando son puras atenciones con el pueblo, para convencer de representar las mejores opciones para gobernar.
Hasta que llegan al poder y muestran su descarnada y vulgar personalidad; entonces ya no hay respuestas ni a llamadas, ni mensajes, ni siquiera para contestar una felicitación por el cumpleaños, la navidad… o ¡el día de la madre!
Y entonces, cuando se termina ese romance virtual, vienen las decepciones y los resentimientos por la burla, se traducen en acidas críticas a través de las mismas redes sociales, que primero ensalzaban.
Es probable que ustedes conozcan algún caso así; de políticos –hombres y mujeres- groseros, altaneros que no contestan a quienes en campaña eran motivo principal de sus atenciones.
Esos políticos son personas corrientes, vulgares e indignas de confianza.
Cuando eso pasa, de inmediato se advierte el comportamiento de las redes sociales, que lapidan a los defraudadores de la confianza del pueblo; no se necesita que alguien incite, la reacción social es algo natural y nadie la puede contener.
En San Fernando lo estamos viendo.
Las barricadas mediáticas que se sostienen con una fuerte inversión del presupuesto, no atajan nada; ni ligeramente son capaces de modificar el fastidio de un grueso segmento de la población.
Mal asunto; para gobernar se necesita de personas que entiendan la política y que sean capaces de comprender que mientras más se obstinen en poner oídos sordos a las críticas y quejas sociales… ¡peor les va a ir!.
Y que mal que al inicio de una administración las condiciones que prevalecen dejen mucho que desear, pero que tal vez en cuanto se normalice el abasto de agua, la recolección de basura, el alumbrado público y las calles vuelvan a quedar transitables, tal vez habrá manera de reconciliar los ánimos sociales, aunque para eso, habrá que llegar a tiempo a los eventos, porque la impuntualidad es un sinónimo de falta de respeto al pueblo; se necesita no tener coeficiente intelectual para para carecer de este razonamiento.
De las ambulancias hablaremos después, porque ese, es todo un tema.






