Es una pregunta que he escuchado en varias ocasiones, por parte de personas que miran expresiones descabelladas a través de páginas y perfiles, donde en forma temeraria o perversa se exponen situaciones, que no tienen fundamento de ninguna clase, pero que tienen el poder de crear percepción, entre las personas que acostumbran a creer a pie juntillas en todo lo que miran y escuchan.
No se puede desestimar el poder de las redes sociales; su influencia es tal, que hasta se han dado casos de personas que se han quitado la vida tras ser exhibidas por situaciones reales o falsas, que terminan por pulverizar su autoestima y hacerlas sentir terriblemente mal, al grado de llevarlas a tomar decisiones fatales.
En la actualidad es muy escaso el segmento de la población que no tiene una cuenta en una red social; en México se estima que al menos un 70 por ciento de la población tiene redes sociales, algo así como 93 millones de personas, que se aplican en Facebook, Instagram, Tik Tok y WhatsApp.
Regreso con el comentario inicial para señalar que las redes sociales informan a la velocidad de luz y con esa misma celeridad, desinforman, es lo que se puede llamar: una arma de dos filos.
No se puede creer todo lo que aparece en redes sociales disfrazado de noticias, porque generalmente no hay el respaldo de una fuente, ya sea privada o del sector oficial, sin embargo al no existir una regulación, que enriendase bien, no implica coartar la libertad de pensamiento y expresión, sino responsabilizar a quienes realizan las publicaciones, el mundo seguirá dando tumbos entre el caos de percepciones que nacen de expresiones emboscadas.
Ahí hay un gran tema para que los legisladores federales –diputados federales y senadores- se pongan a trabajar: que se legisle para que detrás de cada cuenta, perfil personal o página, exista una identidad definida, responsable, a la que se puedan fincar cargos en casos de daño moral y difamaciones, que son los delitos que mayormente se cometen por ese medio.
No establecer censura… eso ¡jamás!; que cada quien desde su cuenta diga lo que quiera, sin restricciones de ninguna clase, pero que se les pueda hacer responsables de lo que dicen, en los casos donde invaden terrenos a donde nadie tiene derecho a meterse.
Porque hoy en día, las cuentas falsas compiten en número con las reales, pero sus contenidos generalmente son dañinos, destructivos, ofensivos para muchos que los miran y no hay, ninguna regulación sobre este aspecto de la vida colectiva, pese a la importancia que tiene, por todo el daño que causa.
Pero ya hemos visto como a quienes les compete tratar estos temas y tomar las decisiones que más le convengan a la sociedad, se la pasan metidos en politiquerías y por supuesto en la búsqueda de beneficios personales.
Mientras tanto, los temas que importan, siguen ahí abandonados.
Parece que la confusión se ha convertido en una política pública más, por eso se hacen de la vista gorda.






