Una nueva modalidad se ha venido acuñando en la administración municipal de San Fernando en los últimos meses, en una disposición que no tiene precedente en la vida del municipio y que no se practica siquiera en los niveles superiores de gobierno.
Resulta que arguyendo “motivos de seguridad”, a las personas que solicitan entrevistarse con la alcaldesa VERÓNICA AGUIRRE DE LOS SANTOS, se les indica que tienen que dejar sus teléfonos celulares en la recepción, algo que es totalmente inusual en un municipio como este, donde la cortesía forma parte de las maneras más elementales del trato con el pueblo.
Inclusive hay anuncios en algunas oficinas municipales del segundo piso, advirtiendo a los usuarios que deben entrar sin teléfono celular… ¡habrase visto!.
¿Pensaran que los habitantes de San Fernando son delincuentes con intenciones de hacer daño a las autoridades, que el mismo pueblo eligió a través del voto?.
¿Se había visto alguna vez algo así?… ¿Cuándo andaban en campaña también pedían que los ciudadanos no tuvieran a la mano sus teléfonos móviles?.
Aquí hay un tema, porque es mal asunto cuando la propia autoridad electa por el pueblo pone esa distancia de por medio, porque a nadie le gusta que le exijan dejar su teléfono en ninguna parte y con ninguna persona, menos si ni siquiera la conocen.
Sabemos que dejar el teléfono con “alguien”, expone a que le conecten un cable con una computadora y que en cuestión de segundos, se haga una copia de toda la información que se puede guardar en un equipo de telefonía móvil.
Usted dirá que no se puede desconfiar de la autoridad hasta ese extremo; pero eso es exactamente lo que “la autorida” hace con el pueblo.
Tengo conocimiento desde el año anterior de esta medida “novedosa”, a la que no le encuentro ninguna cuadratura en beneficio, ni de la sociedad, ni de la administración municipal, más que malos comentarios que se han extendido con el paso de las semanas y que ahora, se han multiplicado de manera significativa.
Y que no se tome esto como una crítica, solo es una observación.
Cada gobierno tiene su estilo, su marca, sello o como guste llamarle, pero el trato con el pueblo siempre se sustenta en el respeto y la cordialidad como parte de un romance que se cuida al menos por los tres años de la administración y sobre todo, cuando hay la intención de heredar el poder a un cercano, lo que exige tersura, amabilidad y sobre todo inteligencia, en aras de mantener la gobernabilidad
Ningún pueblo, se puede gobernar con caprichos ni “ocurrencias”, es regla de oro en la política, porque estas dos cosas terminan por costar caro, cuando lo sensato era barato.
Pero el estilo manda, eso ni duda cabe.






