Ayer la Presidenta de México Dra. CLAUDIA SHEINBAUM PARDO desde el zócalo capitalino presentó ante el pueblo un concentrado de los primeros cien días de su gobierno, donde habló obviamente con una visión positiva del desarrollo nacional y los esfuerzos que se realizan para lograr que el país logre remontar los duros retos que plantean el presente y futuro inmediato.
Como ya típico de una nación que enfrenta abrumadores contrastes, no faltaron las descalificaciones inmediatas, pero en el entendido que las cosas se toman de quien vienen, destacó el respaldo de sociedad mexicana y la esperanza que ha despertado este nuevo gobierno, que no tiene por qué decepcionar a nadie, porque apenas está en sus albores.
De ahí, que lo menos que merece, es el beneficio de la duda.
La Presidenta habló de todo un poco; desde la relación con el vecino país del norte, en cuya alusión reiteró que prevalecerá el dialogo, pero jamás subordinación; destacó los cuatro ejes de la estrategia de seguridad, confiando en que bajo este mecanismo se van a reducir los índices de criminalidad y el consumo de drogas.
Algo muy alentador la mención que hizo sobre el respaldo a la ciencia, la investigación, del auto eléctrico Olinia, el taller de semi conductores, la fabricación de aviones no tripulados, boyas marinas para mediación y una fábrica de software libre, que colocaran a México en la competencia mundial de las nuevas tecnologías.
En esta ceremonia, la mandataria nacional infundio confianza a los productores agrícolas, al señalar que habrá de proponer una reforma para impedir la siembra de maíz transgénico, a la vez que anunció la reapertura de una planta de frijol, para evitar en los tiempos futuros, la importación de este grano, básico también en la dieta del pueblo mexicano.
Los temas fueron presentados de manera impecable por la primera mujer en ocupar la Presidencia de los Estados Unidos Mexicanos, en un evento que se sintió como una fiesta del pueblo, donde se dieron a conocer los logros de los primeros 100 días del gobierno que tiene a su cargo el segundo piso de la transformación.
De lo que falta por conseguir seguramente hablarán otros, pero quedan casi seis años para romper con viejos paradigmas y enrutar a México en un trayecto de progreso, que es factible, pero que requiere ante todo, de la gran unidad de los hombres y mujeres que realmente quieren el progreso del país y no solamente de ciertos actores o grupos determinados.






