La bofetada que le asestó el cabildo de Cd. Victoria al Presidente Municipal EDUARDO GATTÁS BÁEZ se escuchó hasta la capital del país; un hecho que puso en claro que un alcalde no es absoluto y que por la naturaleza del cargo y el juramento hecho al tomar posesión, de respetar y hacer respetar las leyes, los obliga a ser fieles a los dictados constitucionales.
Estuvo a punto de ser desaforado por su estúpida terquedad, por pretender brincar por encima del imperio de la ley.
Querer sobajar la autoridad de los integrantes de su propio cabildo al imponerles funcionarios que no fueron aprobados por los ediles, fue la gota que derramó el vaso.
GATTÁS habría logrado seguir con el saqueo que ha venido cometiendo desde el primer día que asumió el mando político en la capital del estado después de su primera elección, dejando de lado el estado de las calles, el mal alumbrado público y la deficiente recolección de basura, con tan solo haber mostrado un poco de sensatez.
Pero le ganaron la estupidez y la soberbia.
Esta vez se está salvando “por un pelito”, pero quedará maniatado y amordazado por el mismo poder que se atrevió a desafiar; ya antes había tratado de medirse con el jefe político del estado, quien si bien no metió las manos en la denuncia de los integrantes del Cabildo, pudo haberlo ayudado y ahora de paso, el Congreso de Tamaulipas le hizo “manita de puerco” para dejarlo seguir como Presidente Municipal de Victoria, pero arrodillado.
Quedará con un poder muy acotado y siempre con el riesgo de una nueva denuncia – o varias- que le den cancha al Congreso de Tamaulipas de dictar la destitución, obviamente con la investigación respectiva del manejo de los recursos públicos y por donde “le rasquen”, le van a encontrar.
Aporreado, esta vez salvará su pellejo, pero como es adicto a cometer idioteces, no tardará mucho en salir con otra funesta ocurrencia y tal vez ya no se pueda sostener, habida cuenta que en el afán de mandar un mensaje a todos y todas, el Gobierno de Tamaulipas decida destituir y mandar a la cárcel a un Presidente Municipal del mismo partido, para que nadie se extrañe ni pueda protestar cuando envíen al penal, a cualquiera de la oposición.
Por otra parte, queda abierta la puerta para que cualquier ciudadano de Tamaulipas, en cada municipio, pueda interponer denuncias contra los alcaldes y miembros de los Cabildos, que dicho sea de paso, son servidores públicos, no son los amos ni los jefes de nadie, sino que fueron electos para estar al servicio de la ciudadanía.
Vamos a ver cuántos lo entienden así, quienes lo interpretan al revés y aquellos que lleguen a comprender que el poder es efímero, prestado y con vigencia, de tal suerte que es mejor quedar bien con el pueblo.
Por lo pronto, el alcalde GATTÁS ya demostró todo lo estúpido que puede ser un servidor público, que cometió el error de sentirse dueño y amo de Cd. Victoria.
La verdad es que se necesita mucha deficiencia mental, para no entender el concepto “servidor público”.






