Para quienes viven del jornal o en empleos de tipo informal, los llamados “días de descanso obligatorio” son algo asi como un recordatorio maternal, fuera del 10 de mayo.
México es uno de los países donde solamente descansan los empleados del gobierno y quienes trabajan en empresas que los hacer beneficiarios de seguridad social, que por fuerza tienen que aceptar las disposiciones de la Ley Federal del Trabajo.
Pero para el que vive al día, solamente conoce la dicha y al mismo tiempo, la mortificación de descansar, cuando escasea el trabajo, pero que pasa esos periodos con la angustia de carecer en sus hogares de lo más elemental para la subsistencia.
Hay millones de mexicanos que casi no descansan, porque cuando no salen a cumplir con sus labores u oficios, ese día nadie se los paga… y la economía del hogar sufre merma.
Esa es una de las grandes desigualdades nacionales, mientras que los empleados del gobierno, tienen sus dos periodos vacacionales del año asegurados, al igual que los trabajadores de las grandes empresas, para los demás, los asuetos prolongados son una utopía.
Comer o no comer, es la gran disyuntiva.
Me viene a la mente el tema porque precisamente hoy, 1 de octubre, es un día de descanso obligatorio establecido con todas sus letras por la Ley Federal del Trabajo.
Pero basta con echar la vista alrededor para darnos cuenta que es solo un pequeño universo de personas quienes van a disfrutar de la placidez de un día libre de obligaciones laborales, que por cierto es excelente que tengan ese privilegio, pero que lo ideal sería que “o todos coludos, o todos rabones”.
Porque esto es como ver a otros comiendo suculentamente, mientras que los intestinos propios se retuercen y gruñen de hambre.
He aquí una gran asimetría nacional; para ser un país con un acendrado espíritu democrático, en México hay similitudes con otras naciones que a lo largo de la historia se han distinguido por tener “castas”, es decir niveles sociales de importancia, por encima de la igualdad como seres humanos.
Y aquí la pregunta… Con medio millar de diputados federales y más de un centenar de senadores, ¿a nadie se le ocurre o ha ocurrido alguna vez que el concepto “igualitario” empuja a que seamos iguales en todo?.
Y obviamente pugnar porque así sea.
Pero no, a nuestros ilustres “representantes populares”, que en el fondo no representan ni a sus familias, lo que le pase al pueblo no es su problema, los sufrimiento de más de la mitad de la población nacional es cosa de ellos, es como si con su abulia, nos estuvieran diciendo: “chingate Nabor, pa que nacías”.
Que tengan un buen día, así como yo, que hoy amanecí muy optimista.






