Lo he dicho muchas veces y lo seguiré haciendo mientras persista en las costumbres del pueblo ese vicio atroz y nocivo de pretender destruir imágenes y causar los mayores daños por motivos meramente políticos, incubados al calor de preferencias electorales y donde, habla más la ignorancia, que el sentido común de las personas.
¿Qué tan difícil será entender que por las condiciones en que se encuentra, San Fernando necesitan a todos sus habitantes unidos?.
La propia gente habla de carencias, de falta de respuestas a ciertas necesidades básicas para su comodidad, pero en lugar de unirse y actuar con la energía de una fuerza encaminada en un mismo propósito, les resulta más fácil, divertido y sobre todo visceral, protagonizar encendidos ataques, donde las redes sociales son el caldo de cultivo ideal para las reyertas sin sentido.
El principal problema de San Fernando, es su propia gente.
No alcanzan a distinguir entre la relevancia de los procesos electorales, la importancia del voto y los resultados en las urnas, que son finalmente los factores que deciden una elección, mientras que las agresiones a través de las nuevas tecnologías, no dejan ver más que pobreza mental.
Es tiempo de acabar con esos vicios que han ido anclando el desarrollo del municipio, para lo que resulta básico entender el significado de la palabra “humanismo” y el término “tolerancia”.
Porque parece que son más importantes los agravios que la imperiosa necesidad común de sacar adelante a este noble municipio, tantas veces embestido por la fatalidad, que con miles de casas vacías, docenas de locales comerciales cerrados y terrenos baldíos y llenos de maleza, nos demuestran que la recuperación de la vida que prevalecía hasta hace poco más de una década, hasta el momento no ha sido posible.
Comenzar por la tolerancia, el respeto a las ideas de los demás, para exigir lo mismo con las propias poner a las personas en el centro de la importancia, como premisa para demostrar que realmente hay un avance, que se perfila a una metamorfosis, que solo será posible con la participación de unos y otros, sin importar sus creencias políticas ni religiosas.
San Fernando merece mejor suerte que una sociedad fragmentada, polarizada haciendo de las redes sociales un ring, de donde aparte de diversión malsana, al pueblo no le queda nada, más que seguir alimentando una incultura de rencor que alcanza inclusive a miembros de mismas familias y logra destruir viejas amistades.
¿Llegara un día en que esto se termine y logremos ver una sociedad unida?.
Se los dejo de tarea.






