Por lo pronto líneas de transporte foráneo de pasajeros dejarán de enviar “corridas” por San Fernando, con el consiguiente perjuicio para cientos o miles de personas que tienen necesidad de trasladarse por ese medio a poblaciones de la frontera, o del interior de Tamaulipas y del país.
Pero… ya se escucha que empresas de paquetería que vienen de la frontera a San Fernando, repartidores de leche, agua de garrafón y otros insumos, también dejarán de realizar sus entregas en esta población por las pérdidas y contratiempos que representan los emblemáticos bloqueos, que distinguen a San Fernando, inclusive a nivel internacional.
Que los productores tienen razón en protestar, claro que la tienen, si consideran que el precio que les pagan por sus cosechas no es justo.
El derecho a la manifestación y libre expresión de las ideas están consagrados en la Constitución Política Mexicana… ¡pero no así!.
Pronto, el cansancio habrá vencido a los productores de sorgo, pero para entonces el daño ya estará –ya está- hecho, con afectaciones a la vida de miles de particulares atrapados por horas en los bloqueos donde han pasado la pena negra personas de la tercera edad, mujeres embarazadas, bebés de brazos, enfermos etc.
¿Para lograr que…?
Por lo pronto, este sábado y domingo lo más probable es que los campesinos, que también tienen derecho a descansar, se retiren a sus hogares y dejen el paso libro y que durante varios días de la semana próxima, a causa de “Beryl, tengan que refugiarse en sus domicilios o en sitios seguros.
Ya para cuando pase la contingencia climatológica, muchos habrán reflexionado y caído en la cuenta que al Gobierno Federal no les compadecen sus ruegos, ni les mortifican sus protestas, que ahí pueden estar por el tiempo que quieran… ¡y más!.
De tal suerte que cada vez serán menos los valientes que se atrevan a cerrar el paso por la carretera, en un país donde la misma Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos detalla en su artículo 11 que: toda persona tiene derecho para entrar a la Republica, salir de ella, viajar por su territorio y mudar de residencia, sin necesidad de carta de seguridad, pasaporte, salvoconducto, u otros requisitos semejantes.
Es decir, que el ordenamiento de la máxima jerarquía jurídica nacional nos otorga el derecho al libre tránsito, pero en San Fernando, esa ley se la pasan por el arco del triunfo.
Me da la impresión que México va dejando de ser un país de instituciones, para convertirse en un territorio donde las hordas imponen su voluntad: algo así como que nos regresamos a unos cinco siglos atrás, o sea que en vez de avanzar, involucionamos.
Pero… ¡que viva la democracia!.






