Cada elección es diferente.
Este es un concepto que se ha mantenido inalterable en los últimos años y que esta vez, en este proceso concurrente, se puede ver con mayor amplitud.
Le comento que el llamado “voto cruzado” estará muy de moda el próximo 2 de junio, porque los mismos ciudadanos expresan de viva voz sus intenciones de cruzar las boletas por candidatos de distintos partidos en los cargos de elección popular, federales y locales que estarán en juego.
Esta discrepancia personal partidista obedece principalmente a que los electores se van por el candidato o candidata que más les llena el ojo, por encima de los partidos, lo que indica que la madurez cívica está avanzando, a la par que los ciudadanos han perdido la confianza en los institutos políticos, porque en lo general, están desprestigiados por sus propios actores principales y dirigentes.
Y esta vez, junto con el fenómeno del llamado “voto cruzado” se advierte una inusual apatía ciudadana para lo que tenga que ver con política; se miran en acción a quienes por un interés personal y directo tienen que ver con las campañas y los resultados, pero fuera de este círculo, a la gente que con su voto va a decidir el rumbo de las elecciones a celebrarse el 2 de junio, parece que el tema, le resulta indiferente.
Esto nos pone en el umbral de elecciones desairadas, es decir con la amenaza del abstencionismo latente, que podría rebasar los niveles de ausencia en las urnas que se han dado en procesos recientes y que por el bien de la democracia, es un aspecto que merece recuperarse.
Se miran muchos actores de ambos sexos –y más- pidiendo el voto a la sociedad, pero no hay respuestas entusiastas de segmentos importantes que demuestren penetración entre la población e interés por participar en eventos y mucho menos, por ir a votar.
Al Instituto Nacional Electoral –INE- y los partidos políticos les ha faltado promover el voto con visión de participación ciudadana, porque es una tarea que desempeñan con ansiedad solo en épocas electorales, pero que apenas pasan, se les olvida.
Y nunca será lo mismo pregonar: “vota por quien quieras, pero vota”, a decir “vota por mi” o “vota por los candidatos de mi partido”.
¿O si?.
A mis amigos y lectores, que disfruten de un espléndido fin de semana, por mi parte la playa me espera.






