Como parte de una descomposición que ha permeado a las capas más sensibles de la sociedad, con toda la pena del mundo vemos como hay alumnos que a punto de egresar de la primaria y otros en plena secundaria, no saben leer bien, escriben peor y si se trata de operaciones matemáticas que resolver, se quedan “en blanco”.
Ahí es donde uno se pregunta cómo es que lograron sortear los exámenes evaluatorios de grados anteriores en forma satisfactoria para ir avanzando en la escala del sistema de educación.
De entrada, se podría decir que la culpa es de los maestros por aprobarlos y que de ser totalmente deficientes, sin las herramientas más elementales del conocimiento sigan avanzando a grados más elevados de estudios, pero ya sabemos que por una estúpida decisión de las autoridades escolares al más alto nivel, en los últimos años, a los responsables de los grupos, les tienen prohibido reprobar.
Pero en un segundo análisis, vemos que también los padres de familia son responsables de las deficiencias de sus hijos en materia educativa, porque no les dedican tiempo, aunque sea un poco, para ver cómo van en sus estudios y hay algunos que de plano, jamás miran las tareas, ni los cuadernos de sus hijos.
A estas alturas, cuando las tecnologías inteligentes están por rebasar a los seres humanos, hay quienes todavía piensan que estudiar no es determinante en la vida y que tampoco es factor indispensable de éxito.
Y pueden tener cierta razón porque todos conocemos casos de taqueros, vendedores ambulantes, comerciantes que sin ir a la escuela, han logrado con su trabajo, acumular patrimonios considerables; entonces concluyen que si los chamacos aprenden en la escuela está bien, pero si no lo hacen, tampoco se van a morir por eso y sueltan a los muchachos, para que sin tener la experiencia ni criterio suficientes por su corta edad, tomen el camino que mejor les parezca.
Los adultos mayores de ahora, conocimos el rigor de la disciplina escolar que no solapaba “chiflazones”; a la escuela se iba a estudiar y de vez en cuando a sentir la dureza del borrador en la cabeza o la regla de “a metro” sobre las manos, el estirón de “las patillas”, estar en el sol una hora o dos con piedras en los brazos alzados sin permiso para bajarlos.
Y un buen día, agradecimos lo que llamábamos “la dictadura escolar”, comprendimos que todo fue por nuestro propio bien; que gracias a la rigidez de la autoridad, nunca necesitamos de siquiatras y aprendimos todo lo que por muchos años fue elemental en el desarrollo de los seres humanos.
Hoy da miedo el nivel de ignorancia de adolescentes y jóvenes que no están capacitados para una evolución cognitiva que los ponga en ruta de la superación personal; tristemente hasta las autoridades educativas lo reconocen.
Qué pena en verdad tanto sub desarrollo humano, que tristeza también por los maestros que están lanzando al mundo hordas de muchachos mal preparados, que más temprano que tarde, se van estrellar contra el muro de los lamentos porque no pusieron la parte que les correspondía en su propio crecimiento.
Pena que sin duda alcanzará a los padres al saber que los esfuerzos por enviar a sus hijos a la escuela no prosperaron en la medida de la normal, porque la ignorancia es algo que no se puede ocultar y nadie, pero nadie, enviamos a nuestros hijos a estudiar para que terminaran siendo neófitos en lo conocimientos más básicos.
Por eso, si usted no se ha ocupado en revisar el desarrollo de sus hijos, lo invito a que eche una mirada en sus cuadernos, en sus tareas, a que los someta a pruebas de saberes elementales, porque hay estados que se pueden superar en las vidas de quienes representan la esperanza de un futuro mejor, para que caminen sobre bases sólidas, para su propio beneficio.
Por ultimo las deficiencias a que me refiero, son en las escuelas públicas, porque en las privadas siempre se mira más atención, producto quizás del pago de colegiaturas, pero ¿acaso podemos pensar que la educación a cargo del estado no le cuesta nada al gobierno, ni a los padres de familia, como para decir que es totalmente gratis?.






