En Tamaulipas y en San Fernando por supuesto, hay una cantidad muy importante de edificios e instalaciones públicas y privadas que por muchas razones ameritan de constantes revisiones y diagnósticos de Protección Civil, para determinar que se encuentran en condiciones que no representen un riesgo para las personas y en caso contrario, emitir las recomendaciones pertinentes.
Meses atrás, conocimos del colapsamiento de un techo en el colegio “Antonio Repiso” de Cd. Victoria donde estuvo a punto de suceder una gran tragedia colectiva, pero gracias a que ocurrió a temprana hora, solo se encontraban en sus instalaciones tres religiosas que pudieron ser rescatadas ilesas, solo con el susto.
Aquí en San Fernando para no ir muy lejos, meses atrás también -24 de abril- , se derrumbó la techumbre del colegio “Héroes de México” de la colonia Paso Real y por fortuna sucedió en horas donde no había alumnos, sin que se tuvieran que lamentar desgracias personales.
Y la última noticia de este tipo, desgarradora, conmovedora, la muerte de nueve personas en un templo religioso de Cd. Madero este domingo, debido al derrumbe del techo que dejó atrapadas en su interior a cientos de personas, que fueron rescatadas horas después, en una rápida movilización que mereció la unión de esfuerzos de autoridades y del pueblo en general.
Situación muy triste, dolorosa a la vez, que debe servir para “levantar las antenas” y provocar que se activen los mecanismos de verificación en todos los edificios públicos y privados donde se realizan concentraciones humanas, porque la mayor parte, en décadas no han sido sujetos ni a supervisiones, ni trabajos de mantenimiento o reparaciones… y el riesgo ¡ahí está!.
La idea no es incomodar a los dueños o responsables de esos locales, sino a cumplir con los ordenamientos que ya existen y que la misma autoridad por apatía o por no crear situaciones incomodas no realiza, permitiendo que sucedan situaciones como estas, en que muy lamentablemente, las pérdidas materiales no son nada, comparadas con la muerte de personas y el dolor que causan en sus familias.
Sabemos que en México la cultura de la prevención es letra muerta, que vivimos en un país de novedades fugaces, donde la noticia de hoy mañana será historia, suplantada por nuevos acontecimientos capaces de atraer la atención colectiva y sepultar al mismo tiempo, los hechos pasados recientes por desgarradores que sean.
Por ejemplo, en San Fernando hay edificios cuya cubierta superior son a base de estructura metálica y láminas que con tiempo sufren corrosión por la salinidad y los fuertes vientos que soplan de distintas direcciones en las cuatro estaciones de cada año, paulatinamente se van debilitando, hasta quedar en condiciones precarias, propicias para venirse a tierra ante la fuerza de la misma naturaleza.
Hay muchas casas de “sillar” abandonadas en plena zona centro colapsadas por falta de mantenimiento y el peso del mismo material, otras de igual tipo donde los techos ya se cayeron y bardas a punto de caer al suelo.
Usted no me dejará mentir si le digo que en San Fernando hay docenas de postes de la CFE y TEL MEX por todos los rumbos de la ciudad desafiando las leyes de gravedad, sostenidos solamente por los cables que están fijos en la parte superior y uno de los cuales se cayó en fecha reciente, con un transformador encima en plena avenida Ruiz Cortines, que de haber impactado sobre un vehículo o varios, habría causado una tragedia.
¿Y que pasó?… solo fue sustituido por otro poste, pero ¿y los demás que están en iguales condiciones?.
Regreso con el techo de los edificios públicos, que varios –tal vez la mayoría- fueron construidos con especificaciones fuera de norma por ahorrar parte de la inversión, lo que de alguna manera, explica porque se caen muchos.
Pero pasando por alto los detalles de construcción, la falta de permisos o las revisiones que no se han realizado de manera sistemática, es necesario que se tomen medidas que sirvan para prevenir más situaciones de riesgo como el triste episodio del templo religioso de Cd. Madero, porque si usted se fija, en todos esos casos hay un común denominador: la omisión de los encargados de esos edificios y de la autoridad a quien compete realizar las supervisiones y emitir las recomendaciones del caso.
De lo que se desprende que tanto peca el que mata la vaca…






