Con la llegada de los tiempos políticos, se presentan también situaciones de enconos entre los simpatizantes de aspirantes y candidatos, que aunque en los hechos no ganen nada, defienden a muerte a sus preferidos.
De ahí nacen confrontaciones, porque la simpatía por aspirantes y candidatos o partidos políticos no surge de análisis, escrutinios de perfiles o trayectorias, generalmente son las conveniencias o intereses de momento, lo que hace que defiendan y que hasta muchos se ofendan entre sí.
Algo que es muy lamentable y que exhibe ante todo la falta de madurez de las personas que se pelean por defender o por atacar a determinados personajes de la política, que llega a lesionar viejas amistades, compadrazgos y afectar lazos familiares, ante la terquedad de unos y otros por pretender que sus ideas se impongan, en vez de abordar el tema con la cordialidad propia de una relación humana razonable.
El día que las personas entiendan que la política no tiene porqué ser causa de riñas verbales y mucho menos de agresiones físicas, habremos dado un gran paso en el bienestar común; aquí mismo donde vivimos, hay historias por racimos de relaciones de afecto y de sangre que se han estropeado por diferencias políticas.
Deberíamos de aceptar que nuestro derecho como ciudadanos es ir a votar tranquilamente y retirarnos sin más aspaviento; que los aspirantes luchen por obtener las candidaturas que anhelan y que los candidatos en campaña, se encarguen de convencer a los electores y defender sus triunfos en las casillas por sí mismos.
Porque desde que comienzan los procesos internos, es decir antes de las campañas, comienza la polarización por defender posturas de políticos que la mayor parte de la gente ni siquiera conoce y que esos personajes ni el mundo hace a quienes se andan peleando por defenderlos y atacarlos.
Le comento esto porque estamos en el umbral del proceso político electoral concurrente y la pasión ya comienza a ganar terreno, se escuchan opiniones de halago y otras descalificando y sacando a relucir viejas “hazañas” de los protagonistas, que dejan en tela de duda su honorabilidad, rumbo a destrozar reputaciones.
Esperemos que con el paso de los años y las experiencias, la sociedad se vuelva más participativa en las urnas donde un porcentaje muy significativo se abstiene de votar en cada elección y que los electores entiendan cuál es su verdadero rol como ciudadanos, para que la civilidad se abra paso entre la tradicional actitud bélica de ciudadanos que defienden a los políticos con la devoción propia de un artículo de fe.






