Es algo que nunca falta en los procesos políticos- electorales.
El primitivismo desbordado que llega enajenar las mentes para lanzarse en contra de militantes de sus propios partidos o de la competencia, con expresiones agresivas y majaderas, que tanto denigran a quienes lo profieren, como a la misma política.
Porque una cosa es disentir, tener visiones y opiniones diferentes que se pueden manifestar sin tener que caer en la vulgaridad; pero no, siempre tienen que salir las palabras de grueso calibre, que buscan ofender y hasta destruir.
Es parte del condimento de la política, el “fuego amigo”.
Y aquí en San Fernando para no ir tan lejos, está pasando lo mismo que en procesos anteriores, donde desde las sombras o con la identidad a flote para que no quede ninguna duda, surge la artillería en contra, principalmente de los personajes políticos que tienen más posibilidades de alcanzar el éxito.
Como dato curioso, los improvisados y menos propensos a ser candidatos o ganar en las urnas se escapan de las pedradas; tal vez los mismos furiosos críticos no quieren desperdiciar tiempo en románticos soñadores, que dentro de la historia no aparecen en plan de triunfadores.
Aquí ya estamos viendo los pronunciamientos descalificatorios, cuando todavía ni siquiera inicia el proceso electoral y aunque en algunos casos hay razones para criticar y acusar, sobre todo cuando los aspirantes ya han sido gobierno y han fallado, los reclamos deberían ser en forma moderada.
Total, en caso de ser candidatos, con votar en contra de los tunantes que han aprovechado la política para burlarse de la buena fe del pueblo, es más suficiente.
Ese es el mejor mensaje de desprecio y la mejor forma de cobrar las afrentas; impedir que lleguen de nueva cuenta a cargos de representación popular individuos que en vez de ir en las boletas electorales, deberían estar en la cárcel, pagando por el robo que cometieron en contra del patrimonio público.
Pero insisto, que sea con civilidad y madurez como se manifiesten los apoyos y rechazos, porque dentro de la cultura popular -¿o incultura?- parece que el tiempo se ha detenido, de tal modo que las formas no han cambiado para expresar los sentimientos políticos, lo que se traduce en descalificaciones mediante uso de un palabras ofensivas y denigrantes.






