La producción de carbón vegetal en “El Valle de San Fernando” es una actividad comercial que genera pingues utilidades para quienes la ejercen, pero deja al descubierto un factor que perjudica el entorno ambiental y las actividades primarias, ya que debido a la deforestación constante, las lluvias son cada vez más aisladas.
Pese a que existe una regulación y control sobre la tala de árboles, en la práctica se trata de una regla que no existe, porque la explotación del recurso maderable para producir carbón se realiza de manera sostenida, sin considerar que a la vez causa un daño irreparable al medio ambiente porque miles de especies silvestres no pueden sobrevivir a la deforestación.
De esta forma cada año son taladas cientos de hectáreas en los municipios de Cruillas, Burgos, Méndez y San Fernando, de donde salen miles de toneladas de carbón vegetal para cubrir necesidades de consumo de poblaciones como Monterrey, en el estado de Nuevo León, Reynosa y Matamoros en Tamaulipas y hasta de la Unión Americana.
Mientras que una parte de este producto que se utiliza principalmente para crear brasas y asar carne se queda en el mercado local, donde se consigue buen carbón elaborado principalmente a base de madera de mezquite, ébanos y de un árbol denominado “Brasil”.
La tala incesante de superficies deja generosos beneficios económicos a los dueños de las tierras donde se realiza la deforestación, así como a los comerciantes –una parte foráneos- que realizan esta actividad, pero dejan consecuencias, como el lastre de la sequía que cada año es más recurrente y prolongada por la aridez que van adquiriendo las superficies taladas de forma intensiva y sin aplicar ninguna reforestación o plan de mitigación para contener los efectos nocivos de la depredación humana.






