Hace más de una década, cuando se supo que el municipio de San Fernando estaba sentado sobre portentosos yacimientos de gas natural y que empresas extranjeras se estaban haciendo cargo de los trabajos de exploración, se hicieron correr versiones acerca de un desarrollo esplendido de esta región, para beneficio de sus habitantes, agraciados con un regalo de la naturaleza, que la primera palabra que venía a la mente, era riqueza.
Decían entonces –allá por el año 2008- que debido al arribo de profesionistas de varias nacionalidades expertos en temas petroleros, en San Fernando se abrirían clínicas privadas de alta especialidad, restaurantes de cocina internacional, servicios de estéticas y gimnasios para atender necesidad de la población del primer mundo, casas de cambio con divisas de varios países, entre ellos euros, escuelas privadas de idiomas, etc.
Como la imaginación no tiene límites, se mencionaba en aquel tiempo, que ocuparían mano de obra local pagando sueldos muy por encima de lo que nunca se había visto en la región, que se construirían desarrollos de vivienda para los empleados de las empresas petroleras y pare usted de contar.
Recuerdo que también dijeron en aquel tiempo que las empresas petroleras invertirían en obras para el desarrollo de San Fernando, en proporción de la riqueza que se estarían llevando de aquí y que se sabía que serían superiores al impacto de las cosechas de sorgo y de la producción pesquera, juntas.
A 15 años de haberse visualizado un “boom” en la vida de San Fernando, tristemente vemos que lo único que ha resultado puntual, es que se están llevando riquezas del municipio con un valor muy superior a las actividades, pero en todo lo demás, los beneficios se han dado en porciones muy pequeñas, prácticamente en “migajas”.
Como en los tiempos de la conquista, los españoles nos siguen dando espejitos y collares de colores mientras que fingen que hacen actos de caridad, mientras que además de una explotación criminal de los trabajadores sanfernandenses, dejan contaminación y la sensación de estar sentados sobre una bomba de tiempo, porque por ahorrarse dinero, no brindan el mantenimiento adecuado a sus instalaciones.
Hoy a quince años de distancia, podemos decir que todo fue un sueño, que esperemos que con el paso del tiempo no se convierta en una pesadilla y que lastima que sea una empresa extranjera quien se esté beneficiando con los recursos naturales del subsuelo de la región, aplicando criterios como en los tiempos de la conquista, donde “avasallar” es la palabra por excelencia de los gachupines explotadores.






