Hoy en día, el mundo tiene la oportunidad de estar muy bien informado de manera bastante oportuna gracias a la magia de las nuevas tecnologías que han venido a eliminar las distancias, con una expansión mayor a la velocidad de la luz.
Pero al mismo tiempo, el mundo es desinformado por la basura que se produce en las redes sociales que sirven para exponer todo tipo de expresiones y pensamientos, en un torrente incontenible donde chocan la diversidad de opiniones y las tenebrosas elucubraciones, de quienes pretenden exactamente eso: desinformar.
Le comento esto porque en México la rumorología ya es parte de la cultura, en todos los aspectos de la vida nacional, mientras que en la política se acentúan expresiones disparatadas que llevan como objetivo confundir a quienes son asiduos a ese tipo de alternativas, para saber lo que está pasando.
Los chismes disparatados corren a una velocidad vertiginosa, de tal suerte que cualquier versión que se esparza en cualquier parte del mundo, en pocos segundos puede estar en el otro extremo del planeta y surtir alguna clase de efecto, principalmente cuando el receptor no tiene el menor dominio del tema, de tal suerte que termina por creer todo lo que lee.
En las redes sociales no hay “cribas” o filtros como en los medios tradicionales -prensa, radio y televisión- donde la objetividad de la información siempre estaba sujeta al escrutinio de algún superior, que impedía alguna difusión disparatada, amén que era algo muy prohibido para los reporteros, que para elaborar una nota o hablar de un tema, tenían que sustentarse en algún dato verificable.
Pero el mundo ha cambiado y lo que se supone que debería servir para mejorar, también es utilizado para confundir, desinformar y generar caos social.
Y es una lástima que personajes que ostentan títulos universitarios, o con experiencia en la vida pública, no puedan evitar hacer en la desinformación que producen las redes sociales, que en estos días hacen el papel de horóscopos, porque rigen la vida de millones de personas, que al levantarse, antes de tomar un vaso de agua o elevar la primera oración del día, lo primero que hacen es tomar su teléfono, para ver lo que sucedió en la noche, mientras que en antes de acostarse, hacen exactamente lo mismo, para no dejar ir los temas que rondan en el espacio cibernético.
Y que tristemente, en vez de vivir informados, son presa de confusiones como efecto de una adicción por las redes, que pesa más que el efecto de las drogas tradicionales en la mente de los seres humanos.






