Ayer San Fernando y la región volvieron a vivir tiempos que ya se creían superados, pero que la realidad se encargó de ubicarnos, para hacernos saber que hay problemáticas que llegaron para quedarse… y la inseguridad es una de ellas.
Triste que en vez de estar en los festejos de “El Día del Niño”, la población tuviera que estar resguardada en sus hogares por temor a sufrir un coletazo de situaciones no deseadas, pero tampoco bajo control de la sociedad y en momentos, ni de la misma autoridad.
Y una vez actualizados en este tipo de contingencias, hay que pensar con mucha sensatez, precisamente para no arriesgarse y no exponer a las familias a ninguna situación desagradable o fatal, habida cuenta que cuando pasan estas cosas, el pueblo está prácticamente solo… e inerme.
Durante la jornada de ayer se registraron muchos observaciones sobre el tema, de los cuales habría que revisarlos, para saber cuáles fueron apegados a la verdad de los hechos y aquellos que se fueron hilvanando de mente en mente, para formar verdaderas historias, mas fantasiosas que reales, sin descartar que hubo personas que totalmente ajenos, sufrieron daños colaterales.
Pero el comentario este día, por lo que está ocurriendo, es que tenemos que poner nuestra parte para atenuar en todo lo posible situaciones que puedan afectar a personas que no tienen relación con las hostilidades y que su único error podría ser, estar en el momento y en el lugar equivocados.
Sabemos que hay que salir a trabajar para generar ingresos, pero esto no quiere decir que no podamos cuidarnos y sobre todo recomendar o hacer uso de la autoridad paterna, para que los muchachos, que forman la población más expuesta, corran riesgos que no son necesarios.
La noche es aliada de las dificultades, así que refugiarse en los hogares al caer la tarde puede ser una buena medida, mientras que salir a la calle solo a lo más indispensable, ayudaría mucho a evitar que se resientan perjuicios sociales de una batalla, en la que el pueblo no tiene vela, pero generalmente lleva la peor parte.
“La curiosidad mató al gato”, reza un conocido dicho de la filosofía popular y cuando ocurren situaciones trágicas, es común ver a personas acercarse a los sitios donde sucedieron para ver por sí mismo y tomar fotografías o videos, lo que se convierte en actos temerarios, que pueden terminar mal.
La prudencia debe imperar para que la sociedad se mantenga a salvo, en lo que humanamente es posible y cabe hacer; esto es algo que nadie ignora, pero que a veces pasamos por alto, hasta que sucede algo que nos recuerda que debimos ser más ecuánimes.
Esta nueva cresta de inseguridad que se está presentando, nadie sabe cuánto puede tardar, pero algo que si sabemos todos, es que la primera obligación que tenemos es con nosotros mismos y nuestras familias; vamos a cuidarnos y estar atentos siempre, porque las situaciones de riesgo se pueden producir en cualquier momento y en todo lugar.
Por favor, vamos a ser muy prudentes.






