Mientras que las cosas en el tema de la seguridad no vuelvan a la normalidad –que no es exactamente lo mismo que a estar bien- es preferible que los alumnos tomen en sus casas las clases, así como cuando la pandemia.
Porque la situación que se vive en esta zona del estado, exige los máximos cuidados, sobre todo tratándose de la niñez; ninguna precaución sobra porque en asuntos de tragedias, los límites no existen.
Lo mejor de momento, es que los alumnos reciban las clases en sus hogares, usando las tecnologías de moda, aunque hay que decirlo, aquí son deficientes y no se prestan para ejercer un modelo educativo virtual eficaz, pero aun así, es preferible que los padres de familia estén tranquilos y los muchachos a salvo.
Porque cuando se presentan situaciones de riesgo, como el viernes anterior, la alarma cunde a la velocidad de la luz por las redes sociales y la primera reacción de los padres, es ir a sacar a sus hijos de las escuelas para resguardarlos en los hogares, en un acto instintivo y humanamente comprensible.
Pero no es lo más sensato, porque donde cientos de padres se encuentren concentrados en el mismo sitio o anden en las calles en una ubicación similar, se puede presentar un riesgo mayor, de encontrarse en medio de una situación sin control y con posibilidades de resultar fatal.
Cuando se emite la voz de alerta y los niños están en los planteles, lo más adecuado es dejarlos ahí hasta que pase la situación, los maestros han sido aleccionados para proteger a sus alumnos y en la mayor parte de las escuelas, se han realizado simulacros para que los educandos sepan que hacer, en caso de un peligro de este tipo, o de cualquier otro.
No se puede tapar el sol con un dedo. Hay problemas y fuertes que ponen en riesgo a la población civil y donde las personas en edad adulta tienen la obligación consigo mismas de ser prudentes y cuidadosas, pero en el caso de los menores escolapios, el criterio que debe prevalecer es el de los padres y los maestros.
¿Qué caso tiene exponerlos?. Mejor que tomen las lecciones en sus hogares y que se repita el experimento de los tiempos de la pandemia; claro que no van a aprender lo mismo y que los padres tienen que involucrarse más para asegurarse que sus hijos hagan ejercicios y tareas de acuerdo a la instrucción de los maestros, lo que causa trastornos en algunos hogares, sobre todo donde los responsables de las familias trabajan y no disponen de tiempo para estar pegados a los aprendices.
Se trata de una decisión compartida que ya debería estar tomada oficial y totalmente, en el afán de quitarles preocupaciones a los mismos padres de familia, porque no hay ninguna seguridad de un final cercano de este conflicto, que mantiene en vilo la atención del pueblo y es motivo de insomnio para muchos, mientras que por fortuna, la terminación del ciclo escolar, ya se encuentra próximo.






