La inmensidad de los campos de cultivo de sorgo en la región de El Valle de San Fernando, atrae también visitas poco oportunas, de criaturas silvestres que terminan convertidas en depredadores de la agricultura.
Este año, en que se miran en todo su esplendor los cultivos de sorgo en San Fernando y municipios vecinos, los productores se quejan de los efectos que causan en las parcelas, las urracas y palomas que picotean las panojas.
Las aves causan daños en los cultivos, obligando a los productores a emplear agroquímicos para eliminarlos, mientras que en casos donde no cuentan con medios para aplicar repelentes contra las especies aviares, se utiliza todavía a “espantapájaros”.
En algunas zonas, para ahuyentar a las dañinas aves que atacan sin piedad los cultivos de sorgo, los productores hacen sonar escopetas sobre las parvadas que de manera incesante llegan hasta los plantíos de sorgo para depredar y dejar daños que sumados a otros factores, representan una merma para la producción.






