Esta fue una frase a manera de slogan que estuvo de moda un tiempo, cuando todos los días nos levantábamos con información mediática que hablaba de violencia y hechos que alteraban por completo la tranquilidad social y de pronto, surgía un hecho que hablaba de cosas positivas, que merecían la misma atención que las noticias desagradables.
Pero resulta que el público ya estaba –y sigue- acostumbrado a leer y escuchar o ver en las pantallas información hablando de inseguridad, muertes y barbarie, de tal modo que era lo que buscaban y si en cambio, salía algo relacionado con una medalla por un mérito deportivo, filantrópico o científico, a muy pocas personas les interesaba.
Así como cuando por aquí, preguntaban qué tal había estado el baile de la noche anterior.
“Muy bueno” era la respuesta para ilustrar que se había registrado una batalla campal, que era a lo que están habituados; si en cambio no se peleaba nadie, decían que había sido un evento muy aburrido.
Le comento esto porque ayer concluyó la Semana Santa 2023, temporada de mucho movimiento carretero y por lo mismo, de muchos accidentes con resultados mortales.
Pero esta vez, los percances carreteros fueron menores y hasta el momento de redactar esta columna, no se reportaban fallecimientos por accidentes en este municipio, aunque si lesionados y pérdidas materiales, a diferencia con un periodo tan socorrido en los últimos meses por siniestros fatales, que ya daban la sensación de un sortilegio funesto para esta zona.
Y esto debe ser motivo de alegría, junto con las lluvias que llegaron para refrescar el ambiente, el rostro de la naturaleza y abrir las posibilidades de la mejor cosecha de sorgo de los últimos tiempos.
Hay que dar gracias porque esta vez las carreteras de San Fernando no se tiñeron de sangre, pese a que hubo la densidad acostumbrada del tránsito vehicular en temporada vacacional, lo que representa una noticia digna de ser aclamada y difundida, sobre todo al ver que en otras regiones cercanas, la semana mayor no tuvo tan buen desenlace.
Tenemos que ver las cosas buenas que ocurren y dejar atrás la mentalidad fatalista y sobre todo, dejar de estar anhelando que se queme la casa propia, por ver la de enfrente arder.
Los tiempos que vivimos son de contrastes, donde la empatía se encuentra relegada, queremos soluciones fáciles, rápidas a la mano y que de pilón sean gratis, algo que no fue posible antes, ni ahora, ni después.
Arriba con ese ánimo que hay mucho que festejar y sobre todo reflexionar, en que si dispersos cómo andamos, muchas cosas se acomodan para bien… ¿qué tal si estuviéramos unidos?.






