Cuando EDGARDO MELHEM SALINAS asumió la dirigencia del PRI en Tamaulipas, en ese partido se escribió una profecía letal y casi bíblica: “este cuate va a sepultar al partido”.
El resto del cuento, se cuenta solo. El riobravense ex diputado federal por dos ocasiones y diputado local actual, puso su mayor empeño en echar por el despeñadero la encomienda de su amigo ALEJANDRO MORENO CÁRDENAS –“Alito”- quien sin tomar en cuenta otras opciones y sobre todo sin abrir el abanico para un proceso democrático, fast track, lo convirtió e n presidente del comité directivo estatal.
A MELHEM, además del presupuesto que manejó durante dos años y haberse agandallado la diputación local plurinominal, al colocarse en el número uno de la lista en la elección del 2021, la dirigencia estatal le generó una cuantiosa utilidad personal y al mismo tiempo perniciosa para el partido, a tal grado que lo mantiene en etapa terminal.
Como ya no hay nada que roerle, MELHEM renunció a la presidencia del PRI estatal en medio de una ambigua declaración, donde argumenta su deber como diputado local, que reclama dedicación de tiempo completo. Ni el mismo se la cree.
Así pasa siempre cuando el barco comienza a hundirse. El PRI está en agonía y al riobravense ya se le terminaron las ganas de seguir al frente, porque no quiere ser él, quien le eche la última palada de tierra, prefiere irse dejando inconclusa la pésima dirigencia, de manera irresponsable y apresurada, prácticamente huyendo de las consecuencias de sus propios errores.






