Los tiempos políticos son de pasión, de mucha enjundia en los actos y en las expresiones, pero con un poco de sentido común, se tiene que ver cualquier proceso como algo pasajero, que llegará a su término el día que un candidato reciba su constancia de mayoría o que un tribunal declare la validez del triunfo en las urnas.
¿Cuánto dura una campaña?… semanas, porque cada vez son más cortas, de ahí que vale le pena pensar en que por diferencias de criterios o preferencias políticas, no se pueden romper añejas amistades y mucho menos… ¡lastimar lazos familiares!.
Hoy como nunca veo amistades y familiares sumidos en la diversidad de preferencias político electorales, haciendo valer sus derechos constitucionales, de los que nadie puede –en teoría- privarlos.
Pero déjeme decirle esto; en la política, los amigos y familiares no se dividen porque anden apoyando partidos y candidatos de siglas distintas: simplemente, se distribuyen.
De tal suerte que una vez pasados los procesos, las relaciones tienen que seguir con el mismo afecto y respeto de siempre, entendiendo que quienes consiguieron hacer ganar en las urnas a sus candidatos, estarán –también en teoría- en condiciones de apoyar a quienes no tuvieron la fortuna de saborear la victoria.
En este proceso para elegir Gobernador de Tamaulipas, veo a padres que apoyan a un candidato, mientras que algunos de sus hijos respaldan abiertamente a otros; excelente que en el seno de las familias exista esa capacidad de entendimiento y respeto, porque es la base de la armonía, mientras que con los compadres, amigos y vecinos, debe ser lo mismo.
Los tiempos van cambiando y con el arribo de nuevas generaciones, la mentalidad tradicional va presentando modificaciones y una de estas, es que cada quien haga uso de sus facultades y libertades, sin la imposición de los padres y sin presiones de las amistades.
Que las decisiones fluyan libremente, ya sea por convicción o por conveniencia, porque las dos cosas están permitidas, pero que cada vez se abra más el abanico electoral, para que en elecciones superen los tradicionales rangos de abstencionismo y la fuerza del voto lleve a los cargos públicos a representantes populares, con mayor nivel de compromiso social.






