Por Aristeo Manilla García
Las campañas políticas se encuentran a poco más de cinco semanas de dar inicio, falta un poco más de un mes para que retumben en los oídos de los tamaulipecos las promesas de quienes aspiran a manejan un presupuesto mayor a los 60 mil millones de pesos anuales, que es lo que en este ejercicio fue asignado al estado.
Pero dejemos a un lado el dinero, porque seguramente a los aspirantes a ocupar el cargo que dejará FRANCISCO GARCÍA CABEZA DE VACA, no les importa el asunto monetario; ellos van con la idea de partirse el alma, para que a los tamaulipecos y sus familias les vaya bien.
O al menos, eso es lo que dicen con otras palabras, los que quieren gobernar este prospero estado, que tiene de todo: agricultura, ganadería, pesca, industria, petróleo, puentes internacionales, que ya quisieran juntas, 10 entidades federativas del sur del país.
Nos disponemos a escuchar las promesas de tres políticos profesionales, pero también vamos a ver, la mansedumbre de una sociedad que pide muy poco, no exige y no expone con determinación sus principales problemáticas.
Dentro de una absurda idolatría por los candidatos y partidos que los postulan, es más lo que se dedican a aplaudir y echar porras en los eventos de campaña, que levantar la voz para exigir y obligar a los que buscan el voto, a comprometerse con la solución de problemáticas definidas.
En San Fernando por ejemplo, lo que se puede pedir además del nuevo Hospital General: una planta potabilizadora de agua, que no hay y la población solo dispone de un líquido tratado de manera primitiva, un relleno sanitario, que nos salve de la contaminación que produce el humo, cada vez que queman la basura, plantas maquiladoras donde se mitigue o reduzca el problema del desempleo, inversiones en más obras que generen progreso, etc.
Le puedo seguir mencionando una docena de necesidades básicas más, pero creo que entre la población hay quienes tienen la capacidad suficiente, para mencionar con mayor precisión las necesidades más grandes.
Hay que aprovechar el tiempo de las promesas de campaña para hacer compromisos con los candidatos que van a venir aquí buscando el voto de las mayorías, pero hay que hacer algo más que las expresiones verbales, comprometerlos si es posible por escrito, para que después, existan herramientas legales para hacerlos cumplir más allá de las simples palabras, que normalmente, se las lleva el viento.
Las porras y los aplausos tienen que venir cuando se hayan cumplido los compromisos y los políticos merezcan escuchar el sonar de las palmas de las manos de la sociedad que los eligió.
Los políticos fallan porque la misma gente lo permite con esa actitud entreguista, zalamera y muchas veces cargada de lambisconería; es correcto que los ciudadanos tengan preferencias, pero antes de caer en la idolatría, podrían pensar en que debería ser al revés… ser los políticos quienes se manifiesten con atenciones para las personas a quienes aspiran a representar.
Le comento esto porque ya vienen otras campañas y las necesidades de San Fernando de hace 20 años, en vez de disminuir han aumentado, mientras que su número de población ha crecido de forma muy discreta, es decir que ahora está igual hasta peor, porque simplemente el pueblo no exige que se cumplan los compromisos; con protestar en las redes sociales se dan por bien servidos… y esto explica porque hay tantas necesidades y deficiencias.
Veamos si esta vez, la gente se decide a pedir bien, para que se hagan compromisos que después, cuando aterrizan, puedan ser motivos de aplausos, o de procedimientos civiles en caso de negligencia.






