Por Aristeo Manilla García
Los tiempos pasan, pero la política no cambia.
Desde la época del arado con bestias o antes, hasta la transformación tecnológica de los últimos tiempos, se mira que si hay algo que se aferra con uñas y dientes a la existencia, es la mentira piadosa, nunca bien intencionada, de quienes se la pasan vertiendo miel en los oídos de los políticos, para no caer de su gracia.
Y por su parte, los políticos no escapan al canto de las sirenas. Les encanta que les llenen los oídos de palabras melosas para disfrutar del embeleso de victorias anticipadas… y que en ocasiones, jamás llegan.
Si usted checa, alrededor de los políticos siempre se mueven personajes que tienen la virtud de saber decir las palabras precisas para mantener en todo lo alto el estado de ánimo de sus jefes; pese a su cercanía, nunca les dan “contra”, no les hacen ninguna observación para corregir o enderezar el rumbo y mucho menos se atreven a darles una mala noticia o hablarles en sentido preventivo.
Se mira mucho esta faceta inalterable en la función publica, pero también entre los candidatos, de tal suerte que aunque los errores son comunes, muy pocos se atreven a exponerlos.
Y estos son los tiempos precisamente cuando más florecen las zalamerías en torno a los personajes que llevan los papeles estelares. Rodeados de empalagosos colaboradores que a través de la lambisconería consiguen pasar por encima de los verdaderos talentos, algunos candidatos viven perdidos en la modorra de la lisonja.
¿Qué se puede hacer?… muy poco, porque a los candidatos les subyuga que digan que son los mejores; que su talento no tiene comparación, que su verbo tiene una capacidad de convencimiento mayor al 100 por ciento, que todos los electores quieren votar a su favor, que sus propuestas tienen todas las soluciones a la demandas ciudadanas. Casi, casi, les dicen que están tallados a mano.
Pero viéndolo con una óptica pragmática, quienes realizan este papel de aduladores desbordados… ¿ayudan a la causa propia o le sirven a la competencia?.
Buen tema para los candidatos que ya tienen la experiencia para entender este tipo de comentarios, porque ya fueron y vinieron varias veces por el cochambroso mundo de la política y buen tema también para quienes apenas dan sus primeros pasos en procesos complejos, para entender que nunca van a estar de más las auditorías externas, de elementos sin relaciones afectivas o de otras índoles, que de manera despiadada, sean capaces de exponer las realidades que se viven en un mundo tan hipócrita e inestable.






