Por Aristeo Manilla García
Días atrás comentaba en este mismo espacio, la necesidad de una integración de la sociedad civil en tareas comunitarias, para coadyuvar con las autoridades municipales a la limpieza y embellecimiento de San Fernando, luego del estado de abandono que luce la ciudad en la mayoría de los sectores.
Es cierto que hay un departamento de limpieza publica que se encarga de las actividades primarias, pero el servicio que presta es general, no para un barrio o una persona en particular, mientras que las tareas de mantener presentables los frentes de las casas y comercios, obviamente que corresponden a quienes viven ahí o tienen sus establecimientos.
Pero en los últimos años se ha visto una gran apatía; San Fernando es otro después de la ola de violencia que dejó luto en cientos de hogares y corazones que se han ido marchitando por una pena que no se alcanza a superar, tras situaciones injustas, que nunca debieron suceder… pero pasaron.
Sin embargo la vida tiene que seguir; el sábado pasado circulaba por en la colonia Paso Real, cuando vi en la calle Ciprés a un grupo de hombres y mujeres que limpiaban el camellón que lucía maleza alta, barrían las calles, recogían la basura y sembraban arbolitos, con la idea de verlos crecer y que además de dar sombra, puedan servir de adorno a ese sector de la cabecera municipal.
Me detuve para dialogar unos momentos con algunas de las personas que hacían esa tarea, entre ellas la periodista MARISSA SÁNCHEZ VEGA, quien con su característica amabilidad, me explicó que se trataba de una jornada de servicio comunitario, por parte de la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, conocida popularmente como “iglesia mormona”.
El sábado fue un día que esa iglesia realiza trabajo comunitario a nivel mundial como parte de una contribución ejemplar que va más allá de las emotivas oraciones y los golpes de pecho, para remachar aquel dicho popular que reza “A dios rogando y con el mazo dando”, o la cita bíblica: “La fe sin obras, es fe muerta”.
En lo personal me pareció un maravilloso gesto, de mensaje muy profundo que todas las congregaciones religiosas deberían imitar, en el entendido que predicar con ejemplos surte más efectos en las personas que entonar letanías o canticos, que si bien sirven para estimular el sentido espiritual, no pasan de ser palabras que en la primera brisa, se las lleva el viento.
La muestra que está dando esta iglesia simplemente revela que es posible hacer mucho por la ciudad desde el ámbito ciudadano, considerando que las autoridades hacen su trabajo pero de manera relativa, mientras que hay responsabilidades, que compartidas entre los segmentos sociales y organizaciones, pueden ayudar a cambiar por completo el entorno.
San Fernando necesita de esa comprensión del pueblo, de la cohesión social y de un acto de madurez de líderes políticos, religiosos, de opinión, de todos, para encauzar el desarrollo del municipio a partir del orden social y una imagen urbana agradable para la vista y los sentidos.
Ojala que el ejemplo de la iglesia mormona cunda, crezca y sirva para hacernos entender que la organización es la verdadera base del desarrollo social y que en la coordinación der esfuerzos, es posible superar las mayores dificultades, siempre y cuando exista la voluntad de hacer algo por el bien de nosotros mismos y nuestras familias.
Aplaudo el trabajo de la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, porque ese tipo de ejemplos y acciones, es lo que necesita San Fernando para retomar la fisonomía de un pueblo limpio, como era antes de la hecatombe provocada por la disputa del territorio, entre organizaciones al margen de la ley.
Aquí vemos que si se puede y ya para finalizar estos textos, quiero preguntar, así como adoptamos costumbres extrañas como el Halloween por citar alguna, ¿qué nos cuesta ponernos de acuerdo como sociedad para hacer una limpia general de maleza, cacharros, basura, y de todo lo que afecte el bienestar de quienes vivimos en esta maravilloso lugar?.
En caso que no quiera opinar, solo piénselo, tal vez un día usted o sus descendientes puedan ver una población bonita, pintoresca, como era antes de la explosión de la violencia y del arribo de malos gobernantes, que no supieron aprovechar la oportunidad histórica que les dio la vida, para demostrar que podían hacer algo más por San Fernando, que saquear el presupuesto público.






