Por Aristeo Manilla García
En muchos lugares, las autoridades han tomado como practica común, realizar reconocimientos a personajes de la sociedad civil por sus aportaciones para mejorar el entorno, la cultura y el nivel de vida comunitario.
Se trata de ejercicios por fuera de la actividad política y de corrientes religiosas, que se concentran en espulgar entre lo mejor de la ciudadanía, para hacerlo público a través de reconocimientos, que se convierten en homenaje a la persona elegida y en un estímulo para la sociedad.
En San Fernando estos detalles pasan por alto; por alguna razón, nadie se toma la molestia de visualizar la vida social del municipio para hurgar entre los hombres y las mujeres a quienes aportan mucho, sin buscar remuneraciones económicas y tampoco reflectores.
Aquí hay personas reconocidas por actos piadosos, por legados educativos, por acciones sociales, por quehaceres simples que han sido abandonados por la mayor parte de la sociedad, como por ejemplo barrar diariamente la calle donde residen o tienen algún tipo de negocio.
Hay también causantes muy cumplidos, que año con año, en cuanto se abren las fechas de pago, acuden puntualmente a pagar sus contribuciones o los recibos de electricidad y agua potable; quienes respetan a pie juntillas los reglamentos de vialidad, los cajones para discapacitados y también hay quienes todavía, tienen toda la cortesía del mundo para saludar de mano o al menos de voz y ceder el asiento a las damas o personas mayores.
Ni se diga de docenas de personas humanitarias que van a los espacios hospitalarios para llevar café, comida caliente, panecillos, a los familiares de personas internadas, para que puedan mitigar el hambre, o las que sin cobrar donan de su sangre para ayudar a resolver contingencias de salud.
Hay mucha gente buena en San Fernando y no es tanto trabajo encontrarla; veo a mujeres valientes, decididas y humanitarias esforzándose porque lleguen empleos para quienes no tienen un ingreso seguro, a otras que vienen del extranjero exclusivamente a entregar apoyos a las personas y familias más necesitadas.
En una humilde opinión, creo que las instituciones deberían de valorar todo este capital humano y además de aprovecharlo para enriquecer las acciones oficiales, hacer reconocimientos ciudadanos, para que todos vean, lo que es posible hacer cuando hay vocación de servir.
Que los buenos ejemplos se difundan, a través de ceremonias públicas, donde quede constancia de la admiración y respeto del gobierno, por las buenas acciones que realizan en favor de los más necesitados o con ejemplos que pueden ser de beneficio para todos y finalmente para este San Fernando tan golpeado por las calamidades, donde urge crear sinergias para formar cadenas de progreso social, que valen más que las mismas obras materiales; si le parece que esto es sensato y que se puede realizar, aquí mismo puede dejar su comentario.






