Por Aristeo Manilla García
La desintegración del PRI ya no es asunto de lealtades o amor a sus principios o documentos básicos, la agonía en que se encuentra es parte de una longevidad desgastada por los excesos, que son comparables con las vidas de los seres humanos, que no se cuidan y terminan en cama, sillas de ruedas o de plano, un día su corazón deja de latir
Eso es lo que está pasando por el PRI; hacer un recuento de sus logros, nos permite ver que cuando estaba en la plenitud, hizo cosas maravillosas por el país, de tal modo que la mayor parte de las instituciones nacionales, surgieron de sus siglas.
Para donde usted volteé, se dará cuenta que hay un legado priísta; en las escuelas, clínicas, calles pavimentadas, ahí está la mano de un partido ahora anquilosado por los años en el poder, que producen un desgaste natural, pero le podemos sumar los saqueos cometidos en las últimas décadas, que vinieron a deteriorarlo más ante los ojos del pueblo.
Se enfermó de corrupción, de una gangrena que lo llevó al estado en que se encuentra hoy, pero si no se hubiera envenenado su propia contaminación, de cualquier manera ya estaría muy viejo para los tiempos modernos, que se mueven a través de un ritmo y una visión distinta al tradicionalismo que prevaleció por décadas, en lo que se denominaba como “disciplina partidista”.
El PRI ya no se va a levantar de la cama donde esta; eso lo previeron los que tienen olfato y decidieron irse para no asistir al funeral; los que se quedaron merecen respeto por su lealtad pero de ellos, muy poquitos, prácticamente solo los lideres, son quienes se llevan todas las utilidades a su alcance.
Los de segundo y tercer nivel se tienen que conformar con aspirar el aroma del poder y del dinero; resignados a saborearse cuando ven que sus dirigentes llenan sus alforjas de beneficios, sin ver hacia los lados. En esos términos anda el PRI en Tamaulipas y el resto del país.
En San Fernando por lo pronto, como partido está muy diezmado; la mayor parte de su militancia se está escurriendo hacia el PAN para la próxima elección para Gobernador del estado; en eso andan reconocidos ex activistas del PRI que ya llevan algún tiempo separado de las actividades partidistas, viendo la forma de sumarse al partido más fuerte.
Al final, si los de arriba, los líderes y los que se denominan políticos “de oficio”, sin pena brincan a otros partidos, con todo el derecho que les conceden sus garantías individuales, ¿por qué las bases no habrían de hacerlo?.
Se está viendo una fuerte migración de priístas que ya se cansaron de perder; en las cuatro últimas elecciones les ha ido mal y cada vez crece más la certeza de la inminente perdida de su registro, mientras que con desagrado miran como sus “lideres” acaparan para si, todos los espacios disponibles.
La muestra la tienen con EDGAR MELHEM SALINAS, quien agarró para el mismo la primera candidatura “pluri” a la diputación local; él se aseguró de seguir en la nómina, pero además, manejando todavía el presupuesto del partido, de tal modo que llueva, truene o caigan rayos y centellas, tiene asegurada su zona de confort.
Lo cierto es que la deserción es masiva y parece que ya nadie la para, en estos momentos la migración se está cargando hacia el PAN, mientras que el PRI solo alcanzaría a sobrevivir en la próxima elección bajo una alianza que le transmita oxígeno, porque solo, según se mira, no alcanzaría a mantener el registro.
Y nadie, pero nadie quiere estar con quien de antemano, se considera perdido y al borde de la extinción.






