Por Aristeo Manilla García
El Presidente ANDRÉS MANUEL LÓPEZ OBRADOR se apresta a rendir mañana su tercer informe de gobierno, pero realmente será si mal no recuerdo, el décimo compendio que realice de los logros de su administración, desde que inició hasta la la parte que va, del periodo constitucional.
Esta vez el slogan oficial reza “Con Hechos, No Palabras”, un juego de palabras al que sus detractores están dando otra interpretación, pero que finalmente ha sido una frase bien recibida en el inmenso universo nacional del amloismo.
Pero más allá de las palabras, hay quienes escudriñan tratando de ver otros movimientos que el Presidente de México podría realizar después de la presentación del tercer informe de gobierno, como parte de una mecánica que ha prevalecido en las últimas décadas.
Entre otras cosas, la política de es tiempos; llegar a la primera mitad del periodo constitucional impone cambios, algunos por necesidad, otros por estrategia, pero las fichas tienen que moverse para darle animación al escenario nacional.
Obvio que en el mensaje político, el mandatario azteca hablará de los avances de las obras cumbres de su gobierno: el tren maya, la refinería de dos bocas y el nuevo aeropuerto de la Cd. de México.
Y el plato fuerte: la lucha contra la corrupción y la impunidad.
Desde la óptica del Presidente se ha registrado un gran avance en este último tema, aunque parece que la sociedad mexicana, percibe que son más palabras que hechos, en contraparte del slogan utilizado de tres días para acá.
LÓPEZ OBRADOR se está dando el gusto y el lujo de hacer lo que se le antoje, confiando en que el juicio de la historia ya no lo encuentre con vida, después de terminar con el mandato constitucional, es decir que no le teme a las consecuencias, porque sabe que –o piensa- que siempre, los buenos se van por delante.
Con sus propios datos, el padre de la 4T, hablará de lo mismo que ha venido explicando en estos últimos tres años, haciendo uso del derecho omnipotente que le da ser el Presidente de los Estados Unidos Mexicanos; lo mismo hicieron todos sus antecesores.
Ningún ex Presidente de México, que yo recuerde, se desmintió a sí mismo en un informe, de tal manera que AMLO puede decir lo que quiera, porque es su evento; la oposición y la crítica, fundidos en un solo ente, pueden decir también lo que mejor les parezca, pero como “palo dado ni Dios lo quita…”.
Sabemos que por la austeridad republicana que impregna cada uno de los actos del Presidente de México, el informe será un evento aunque solemne, muy parco en todos los sentidos, por lo que no se esperan tantas dianas y fanfarrias, ni tampoco la paralización de la planta productiva para atestiguar el evento presidencial.
El Presidente, a quien ya poco le dicen “El Peje” mantiene muy alto su nivel de aceptación popular, así que quienes estén dispuestos a lapidarlo con sus criticas destructivas deberán enfrentar también la respuesta de la nomenclatura morena, que cada día ratifica más su fe, en quien equiparan con el Jesucristo de los tiempos modernos y que miran con un fanatismo muy superior al que sentían los alemanes de los años 1939 a 1945, cuando entonaban loas a su führer.






