Por Aristeo Manilla García
La tregua que acaban de firmar y hacer publica grupos de la delincuencia organizada en la región podría ser el inicio de una nueva era de tranquilidad para quienes residimos en este cuello de botella denominado San Fernando, lugar de dominio muy apetecido por encontrarse en la ruta de trasiegos que forman parte de formas de vida y fuentes de ingresos, ajenos a los tradicionales en la región.
No viene al caso preguntar ni recordar, todo lo que ha costado esta lucha desde que inició aquí en el año 2010, aunque evidentemente que las familias afectadas con la desaparición o muerte de sus seres queridos, pensarán de otra manera. Mis respetos.
Pero saber que podremos movernos con tranquilidad en municipios cercanos, como Burgos, Cruillas, Méndez, Valle Hermoso, Matamoros, Reynosa y Río Bravo, sin duda que merece un gesto de alegría, por este avistamiento de la paloma de la paz.
Saber que cuando andemos en alguna de esas poblaciones, sobre todo de la frontera, no van a satanizarnos por vivir en San Fernando, no van a someternos a interrogatorios a veces ásperos y que no van a dejarnos a pie o sin pertenencias en la carretera, creo que es un avance, que merece valorar.
Leí el texto de las mantas que se exhibieron en Tamaulipas y otros estados, donde dice exactamente lo mismo; los grupos firmaron una tregua entre ellos para no agredirse, lo que pone a salvo a muchos civiles, luego durante enfrentamientos entre ellos mismos, han quedado en medio gentes ajenas e inocentes. Y ha costado muchas vidas.
Sabemos que el narcotráfico representa a nivel mundial una economía que ya compite con el mercado de los hidrocarburos, lo que nos dice que se trata de una actividad que al menos en las próximas décadas, no va a desaparecer.
De tal forma que tan solo pensar que entre los mismos grupos y carteles pueda darse una paz duradera, como era antes, nace la ilusión de vivir tiempos mejores para todos; especialmente para quienes están o estamos fuera de esa actividad, que genera muchas riquezas.
Y que sean los propios grupos los que decidan pactar es un buen paso, porque demuestra que se va imponiendo el razonamiento; ahora hay que pedir que vuelvan los viejos tiempos, cuando la delincuencia organizada que ya existía, respetaba lo más elemental de la justicia, cuando la familia se consideraba como algo sagrado y era intocable.
¿Quién pensaría que el progreso que significa siempre ir hacia adelante, podría sustentarse en el retroceso de las formas?.
Pues por ahí van las cosas, esperemos que la tregua tenga una larga vigencia, que se respete y sobre todo, que se entienda que la población civil no tiene la culpa de nada y no debe pagar las consecuencias de diferencias ajenas.






