Por Aristeo Manilla García
Para quienes tienen el corazón puesto en la política, que han luchado por una candidatura o que por su condición económica, les urge ganar un puesto de elección popular, no siempre les resulta bien el intento, pero en el trayecto de sus afanes, hasta los resultados, se miran presas de emociones fuertes que van debilitando la salud.
Se les mira en la cara y en las actitudes; tal parece que varios y varias se metieron a la política con el anhelo de sufrir, de angustiarse y de ganarse enemistades.
Algunos y algunas ni siquiera tienen necesidad –aparentemente- de tener una representación popular o un cargo público, porque ya tienen sus vidas hechas, sin embargo se meten al ruedo con una pasión digna de mejor causa.
Sufriendo desde un principio la angustia de la incertidumbre por una candidatura; peleando con algunos para defender su posición y soportando a otros tantos para no deteriorar las relaciones; sacando de la bolsa o pidiendo fiado, porque como le he comentado antes, en política de que se gasta, se gasta.
En estos días veo muchos rostros tristes de quienes siempre han sido alegres; amargura en las palabras y actitudes de quienes han sido generalmente festivos y todos por la misma razón. La política es como la agricultura, sin garantía de una buena cosecha, que como puede ser, también puede terminar en un siniestro total o parcial.
Aunque en la política nadie entra por la fuerza, ni tampoco engañado; todos ingresan por su voluntad, pero aun cuando saben los riesgos, cuando las cosas no salen bien o que no resultan a su antojo, porque hay bastantes aprendices que son víctimas de su propia soberbia, demuestran su contrariedad en el rostro.
Pero esto no termina ahí, la política cobra también factura en el bienestar de las personas; ir de la alegría a la rabia, a la depresión, al pleito y hasta al llanto, son factores que atentan contra la salud y esto es algo que los políticos no toman en cuenta, enfrascados en la conquista de sus metas.
Un precio caro, que algunos y algunas pagan con gusto y que no se va a terminar hasta que pasen las elecciones, en que quienes no resulten victoriosos en las urnas, tendrán algunas semanas de “cruda”, atormentados por sus pensamientos, por las traiciones, la ingratitud de los mismos familiares, en una especie de cocktel de emociones que podría terminar en algunos casos en problemas serios de salud, para quienes no tengan el suficiente balance mental, para entender que en materia de elecciones –siempre- alguien tiene que perder.






