Por tratarse de un día inhábil en todo el país decretado por la Ley Federal del Trabajo, hoy no habrá clases en las escuelas del nivel básico, con lo que maestros y alumnos podrán pasar una jornada tranquila, pero quienes realmente van a jalar oxígeno a sus pulmones, son los padres de familia.
Derivado de las medidas adoptadas por la contingencia sanitaria que mantiene a los educandos tomando clases desde sus hogares a través de plataformas digitales y otros mecanismos de educación a distancia, los padres de familia, en este caso principalmente las madres, son quienes tienen que relegar sus obligaciones domesticas para asistir a sus hijos en la elaboración de los trabajos asignados por los mentores.
Miles de madres de familia se miran obligadas a estar a un lado de sus hijos durante la mayor parte de las jornadas de enseñanza, para que los menores no se distraigan, o de plano abandonen las tareas, aprovechando que los maestros no pueden verlos.
También, en muchos casos, la escolaridad de los padres es igual o menor que los conocimientos de sus hijos y se miran en aprietos para explicarlos temas que ni siquiera ellos mismos conocen, lo que convierte los horarios de clases en un martirio.
Por eso, cuando además de los fines de semana pueden tener un día sin tener que estar pegados en la computadora, teléfono o estar llenando junto a sus hijos planas completas de trabajos, los padres sienten el desahogo de una actividad para lo que realmente no tienen tiempo y para la que ni siquiera estaban preparados, porque nunca imaginaron que un virus microscópico les iba a cambiar la vida de esta manera.






