Hace 16 años se cometió en San Fernando uno de los hechos más brutales que conmovieron al mundo y etiquetaron a esta noble tierra como un territorio salvaje, una fama que a más de una década, todavía no desaparece.
M refiero a la masacre de los 72 migrantes, ocurrida entre el 22 y el 23 de agosto de 2010, cuyos cuerpos sin vida fueron localizados por elementos militares en la bodega del rancho “El Huizachal”, ubicado a menos de media hora de la cabecera municipal, hechos que le dieron la vuelta al planeta y provocaron fuerte indignación internacional.
En los años inmediatos posteriores se llevaron a cabo ceremonias conmemorativas en el sitio donde fueron encontrados los cuerpos, con la participación de familiares, defensores de los derechos humanos y sacerdotes, que llegaban a San Fernando en medio de imponentes dispositivos de seguridad.
Pero al paso del tiempo, los homenajes cesaron y en esta ocasión, no se ha dicho nada de eventos para recordar ésta, que fue una de las mayores tragedias que se han registrado en San Fernando, aunque han ocurrido otros eventos de magnitudes similares o mayores, que son parte de la historia reciente, páginas que fueron escritas con sangre.
Le comento esto porque aunque ya sabemos que como característica de la naturaleza humana, la sentencia es el olvido, estos datos deben de estar siempre frescos en la mente del pueblo para recordarnos que hay cosas dolorosas, que no tienen razón de ser, pero que existen y que como sociedad tenemos la obligación de forjar ciudadanos que sepan respetar las leyes divinas y de los seres humanos.
Es una lástima que el nombre de San Fernando sea más conocido mundialmente por las masacres que se han cometido aquí, que por la riqueza de sus campos, de sus cuerpos de agua, de sus praderas y la prosperidad que genera el subsuelo, que definen a esta parte del país como una zona de bendiciones, donde hay mucha vida para todos a través del trabajo, como para tener que asociarla con muerte y destrucción.
Descansen en paz los 72 migrantes inútilmente asesinados y por el bien de todos, no hay que olvidar nunca nuestra historia, para evitar que vuelva a repetirse.
Un episodio que debería formar parte de los libros de texto, para que no se borre de la memoria social un hecho triste , lamentable que no tiene por qué volver a ocurrir jamás, mucho menos cuando se trata de vidas inocentes, de personas ajenas a los conflictos de grupos que necesitan el dominio del territorio, pero que no tienen para que causar tanto daño y dejar estas llagas morales que a 16 años de distancia, lastiman con el recuerdo y el temor de nuevas historias que forman parte de los fenómenos actuales, donde el pueblo es espect5ador V.I.P. colocado en la primera fila, siempre expuesto a resentir los efectos de situaciones fuera de control, que han causado dolor y luto en miles de hogares.






