Nadie es tan ignorante como para no saber que robar es un delito estipulado en las leyes de los hombres… y en las divinas también.
Robar, es apoderarse de un bien ajeno, a sabiendas que no tenemos derecho a tomar algo que no es nuestro.
No robar, es inclusive uno de los diez mandamientos, que muchas personas repiten para demostrar su fe.
Pero ocurre que en la realidad, esas personas que bien saben que robar es algo indebido, en cuanto ven la primera oportunidad de apoderarse de algo ajeno, lo hacen sin rubor, sin la menor pena, a la luz del día y cuantas veces pueden.
Lo vimos otra vez hace días en San Fernando, con el tráiler cargado de piñas que fue saqueado en el ejido “Francisco Villa” por residentes de esa comunidad y lugares vecinos, que en cuestión de minutos se llevaron todo el contenido -mas de 30 toneladas- de frutas de exportación, luego que el vehículo que las trasladaba sufrió una salida del camino.
Cual aves de rapiña, aparecieron como por arte de magia docenas de hombres y mujeres para realizar un ritual que se ha convertido en parte de sus costumbres; ya hasta invocan la desgracia, para que los vehículos de transporte pesados cargados con mercancías se accidenten y que de esta manera, puedan tener oportunidad del saqueo, o rapiña, como les guste llamar.
Alga que llama la atención y que cala, es que los saqueadores llevan a sus hijos adolescentes y pequeños a ese tipo de “trabajos”, donde pueden ver lo que hacen sus padres y por las veces que los han acompañado, ya miran “la rapiña”, como algo normal.
Lo que inconscientemente, cuando crezcan, verán como algo natural; robar lo que se encuentren a su paso.
Otra cosa que da pena es ver a personas adultos mayores cometiendo esta clase de actos; parece que la vida no les ha enseñado nada y que no están conscientes de los ejemplos que les están dando a las nuevas generaciones.
¡Ah!… pero los domingos, muy devotos en los templos, dándose de golpes de pecho.
Y cuando una persona se apodera de algo ajeno por supervivencia, se puede justificar en parte; pero en casos como este, es por un total afán de lucro.
Venden las mercancías sin recato, ofreciendo al público artículos que todos saben su origen,
No es la pobreza que los lleva a cometer esas acciones prohibidas por las leyes de los hombres y de Dios.
Eso se llama miseria humana.
Un mal que parece ser incurable, progresivo y contagioso.






