La agricultura en la región de San Fernando, atraviesa uno de sus momentos más críticos al inicio de este 2026, donde los productores locales advierten que el precio de mercado actual del sorgo no alcanza siquiera para cubrir los gastos básicos de inversión, lo que ha generado un clima de incertidumbre.
Ante la falta de rentabilidad, crece la posibilidad de que miles de hectáreas se queden sin sembrar este ciclo, dejando al ex «granero de México» en una parálisis productiva sin precedentes.
El disparo en los costos de operación es el principal factor de esta crisis, ya que actualmente, una sola bolsa de semilla de sorgo supera los tres mil pesos, mientras que el llenado de un tanque de diésel —indispensable para la maquinaria— ronda ya los siete mil pesos.
Estos insumos, sumados a otros gastos de manejo agronómico, han elevado el punto de equilibrio a niveles inalcanzables para el productor promedio, quien ve cómo su patrimonio se diluye antes de siquiera iniciar la cosecha.
La incertidumbre económica se agrava al recordar que, durante el 2025 el precio de la tonelada de sorgo se mantuvo en niveles que ya no permitían utilidades, hoy el panorama es más desolador, porque a estas alturas del 2026, no existe un precio oficial establecido, dejando a los agricultores a ciegas sobre cuánto recibirán por su esfuerzo. Los productores han manifestado que no saben a cómo les van a pagar las cosechas, lo que desalienta cualquier plan de inversión
Expertos y organizaciones agrarias señalan que la raíz del problema es la importación desmedida de sorgo proveniente de Estados Unidos de América, grano que entra al país a precios significativamente menores a la producción nacional, beneficiándose de la falta de aranceles y de los subsidios que sus productores sí reciben en el país vecino.
Esta competencia desleal ha inundado el mercado nacional, desplazando al sorgo tamaulipeco y desplomando su valor comercial, en perjuicio de miles de familias del campo que durante décadas han cultivado este cereal, básico en la preparación de alimento balanceado para aves y mamíferos, que llegan a las mesas de los hogares mexicanos, transformados, en carne, leche, huevos y otros derivados.
La situación en el Valle de San Fernando es de abandono masivo, según han denunciado líderes del sector, ya que sin un precio de garantía justo o apoyos directos del gobierno federal que compensen las asimetrías con el mercado estadounidense, la actividad agrícola ha dejado de ser un sustento para convertirse en una deuda constante.
La falta de políticas públicas efectivas para frenar la entrada de grano libre de impuestos está terminando por aniquilar las posibilidades de los productores de Refieren que de no establecerse un mecanismo que asegure un pago digno por tonelada y se regule la entrada de importaciones, el campo de San Fernando corre el riesgo de convertirse en un desierto improductivo, afectando no solo a las familias de los productores, sino a toda la cadena económica y alimenticia que depende de este cultivo.






