La economía de San Fernando se encuentra hoy en una encrucijada crítica, lo que antes eran pilares de prosperidad —la agricultura, la pesca y la industria energética— hoy muestran signos de agotamiento estructural.
La desaparición de subsidios agrícolas y los bajos rendimientos de las últimas cosechas han dejado al campo en silencio, mientras que la flota pesquera lucha contra un clima hostil y capturas mínimas, la falta de créditos y apoyos institucionales.
Esta parálisis ha forzado a cientos de jefes de familia a buscar refugio en la industria maquiladora de la frontera, sin embargo, este «empleo de emergencia» ofrece salarios que apenas alcanzan para la supervivencia diaria, eliminando cualquier posibilidad de reactivar el comercio local, mientras que los «changarros», que son el termómetro de la economía de barrio, están bajando sus cortinas de forma constante.
Con las empresas al servicio de PEMEX manteniendo sus nóminas congeladas, la única esperanza que queda en el horizonte de diciembre es la llegada de los connacionales y el reparto de aguinaldos para sostener los últimos días del año con vida a tienditas y misceláneas en colonias de la periferia.
Al respecto, lideres sociales han manifestado que “San Fernando no busca caridad, sino la restitución de las fuentes de trabajo que le den estabilidad más allá de una temporada navideña, por la importancia que tiene para las familias el sostenimiento de esos pequeños establecimientos para sostenimiento de cientos de familias enteras.






